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Padre Pío alcanza su catedral en El Cerro

el 15 sep 2009 / 01:45 h.

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S. Ruiz/ M.J. Fernández

Después de varios años procesionando por el barrio, la Hermandad de Padre Pío, desafiando la distancia que la separa del Centro, cruzó ayer la SE-30 para, en una maratoniana estación, alcanzar su catedral en otro barrio: la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores del Cerro del Águila. Por primera vez en su joven historia, la cruz de guía de esta humilde corporación se plantó ante el Cristo del Desamparo y Abandono y la Virgen de los Dolores, cofradía que en sus inicios también llegó a salir por el barrio. Allí les esperaban sus vecinos, los cerreños, que, se echaron a la calle para trazar una Carrera Oficial invisible, que poco tuvo que envidiar a la que va de Campana a la Plaza Virgen de los Reyes. "Es otro día de fiesta para El Cerro, que trae muchos recuerdos. Nos vemos muy reflejados en ellos.

También hemos sido vísperas y ahora, es un honor, que seamos referencia y pequeña catedral para otras hermandades", reconocía ayer el hermano mayor de la cofradía del Martes Santo, Adolfo López, que daba la bienvenida al cortejo a las puertas del templo.

A las nueve y media de la noche, un reguero de nazarenos con antifaces rojos marcaba el camino a la iglesia. Tras él asomaba el paso del Nazareno de la Salud y Clemencia. "Esto parece otro Martes Santo", exclamaba el dueño del bar Los Balcones frente al templo, que no daba abasto. A diferencia del cuerpo de nazarenos, que sí se postró ante el Santísimo, los pasos se conformaron con saludarlo desde el cancel. Fue, entonces, cuando se desbordaron los sentimientos en unas chicotás encadenadas: "Esto es Padre Pío y El Cerro", animaba a sus hombres el capataz Federico González Martell.

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