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Pakistán se está afganizando

41 personas murieron ayer tras un nuevo atentado. 

el 12 oct 2009 / 18:15 h.

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Pakistán se está convirtiendo en un nuevo Afganistán por el rápido avance de los talibanes. Ayer, al menos 41 personas, la mayoría civiles, perdieron la vida y otras 45 resultaron heridas en un nuevo atentado suicida registrado en el norte del país, tan sólo un día después de que el Ejército pusiera fin a un asalto talibán a su cuartel general de Rawalpindi, cerca de Islamabad.


El atentado de ayer tuvo lugar en las proximidades de un mercado del distrito de Shangla, situado en la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP), e iba dirigido contra un convoy que pasaba por un puesto de control.

El ministro de Información provincial, Mian Iftikhar Hussain, cifró en 41 los muertos y en 45 los heridos a causa de la explosión, según el canal de televisión privado Dawn. Según Hussain, 12 de los heridos se encontraban en estado grave, mientras que seis de los fallecidos eran soldados.

Shangla forma parte de la división de Malakand, donde el Ejército dio por concluido el pasado mes de julio el grueso de una gran operación contra los insurgentes, cuyo escenario principal era el valle de Swat, aunque aún se registran frecuentes combates con los talibanes en la zona.

El ataque es el cuarto de envergadura que sufre Pakistán en tan sólo una semana, en los que han perecido 119 personas, después de algunas semanas durante las cuales la actividad terrorista había descendido.
El pasado viernes un ataque suicida causó 53 muertos en una zona comercial de Peshawar, capital de la NWFP, y cuatro días atrás otra acción suicida contra unas oficinas de la ONU se cobró la vida de cinco trabajadores del organismo en Islamabad.

Pero el ataque más audaz fue el protagonizado el sábado por un comando talibán de 10 hombres contra el cuartel general del Ejército en la ciudad de Rawalpindi, que las fuerzas de seguridad tan sólo pudieron abortar más de 20 horas después de su inicio. El movimiento Tehrik-e-Taliban Pakistán (TTP), que aglutina diversas facciones talibanes del país, reivindicó este asalto, que incluyó la retención de 42 personas y causó una veintena de muertos, entre ellos nueve de los integristas y tres rehenes.

 

En una rueda de prensa en Rawalpindi, el portavoz militar, Athar Abbas, aseguró ayer que el asalto fue organizado desde el principal bastión talibán en Pakistán, la región tribal de Waziristán del Sur, donde el Ejército lleva meses planeando una gran ofensiva. Según el canal privado Geo, Abbas explicó que el objetivo de los insurgentes era tomar como rehenes a altos mandos militares para pedir la liberación de integristas encarcelados. "Dieron una lista de 100 personas, que incluía nombres de terroristas muy peligrosos, y pidieron su liberación", detalló. Abbas constató también la presencia de terroristas en Waziristán ligados a grupos integristas punjabíes.

Las últimas acciones terroristas han hecho aumentar la especulación sobre el inicio de una gran operación militar contra la insurgencia en Waziristán. Ayer el canal privado Geo TV informó de la muerte de 12 supuestos integristas en bombardeos de las fuerzas de seguridad en otra zona tribal fronteriza con Afganistán, Bajaur, algo que portavoces militares consultados por Efe no confirmaron.

A raíz de la muerte en agosto del líder del TTP, Baitulá Mehsud, y de la disputa interna por el liderazgo talibán, disminuyó el número de atentados, pero el nuevo jefe de los integristas en Pakistán, Hakimulá Mehsud, ya advirtió recientemente de que sus hombres llevarían a cabo ataques en Pakistán y Afganistán.

Cambio de Estrategia. Esta nueva situación ha provocado que EEUU esté valorando cambiar su estrategia en la zona. A pesar de que el general al mando en Afganistán, Stanley McChrystal, haya pedido entre 30.000 y 40.000 soldados más para Afganistán con el objeto de frenar su expansión por el país, asesores del presidente, Barack Obama, se oponen a esta medida y abogan por concentrar ahora su lucha contra el red terrorista Al Qaeda en sus refugios de Pakistán. El vicepresidente, Joe Biden, es uno de los defensores más notables de esta postura. Otros, como la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quieren atender la reclamación de McChrystal.

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