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Parados del paro

He vivido de cerca el vértigo de las cifras del paro cuando en el Ministerio de Trabajo debíamos dar cada mes la cifra de un recuento que se va repitiendo como soniquete de desesperanza para quienes se encuentran en esas listas...

el 15 sep 2009 / 00:19 h.

He vivido de cerca el vértigo de las cifras del paro cuando en el Ministerio de Trabajo debíamos dar cada mes la cifra de un recuento que se va repitiendo como soniquete de desesperanza para quienes se encuentran en esas listas, que siempre revisten identidades concretas, familias, hijos, padres e hipotecas, que son como la tía Maruja que todos teníamos en casa. Hay funcionarios que pese a los muchos años a sus espaldas, en trienios y experiencias, no perdían nunca la insatisfacción de contar parados, uno, dos, tres, cuatro..., que contrastaban con sus contratos fijos, indefinidos, envidiables, pero que no les situaba, mes a mes, en la prepotencia de quien se puede creer tocado por los Ángeles del empleo. En la carrera política, siempre teníamos tiempo de analizar con los funcionarios de Trabajo situaciones cotidianas, con la vergüenza de saberse poseedores de una seguridad que hoy, desgraciadamente, es referente de integración social, más que de inmersión económica o laboral.

Las cifras del paro eran sagradas, intocables, inmaculadas, respetadas, imposibles de utilizar políticamente, partidariamente, porque a un mes de buen empleo sucede, inexorablemente, un mes de mal empleo, que sabemos de desesperación. Respeto silencioso y respetuoso a las cifras del paro, como miles de realidades personales que se encuentran detrás, como detrás de las cifras de tráfico no sólo hay muertos, sino familias y dolor. Manipular esas cifras es jugar con ventaja en el sorteo de la vida, manipular la suerte del destino. Es la cobardía de quien se cree superior por una circunstancia temporal. Miserias.

Consultor de comunicación

isidro@cuberos.com

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