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Paro judicial. La coartada de la Justicia

Hubiera estado bien que los secretarios judiciales de este país y de esta comunidad se movilizaran a favor de mayores medios y recursos técnicos porque la falta de los mismos resulta proverbial. El problema es que el paro que convocaron el pasado martes guardaba un formidable tufillo a coartada...

el 15 sep 2009 / 17:21 h.

Hubiera estado bien que los secretarios judiciales de este país y de esta comunidad se movilizaran a favor de mayores medios y recursos técnicos porque la falta de los mismos resulta proverbial. El problema es que el paro que convocaron el pasado martes guardaba un formidable tufillo a coartada, a proteccionismo corporativo y a un inexplicable sostenella y no enmendalla respecto al caso de Mari Luz.

Cierto es que resulta poco equitativa la sanción impuesta a la secretaria del juzgado de Sevilla que aparece como responsable de no haber ingresado en prisión al pederasta que luego habría asesinado a esa niña onubense que en cierta medida es niña de todos.

Poco equitativa respecto a la penalización suave que como máximo responsable de tan fatal metedura de pata ha sufrido hasta ahora el juez Tirado. Un rechazo profesional de esa diferencia de trato, a todas luces clasista, habría merecido el aplauso unánime de la sociedad. Pero los funcionarios no se han atrevido a arremeter contra los jueces y han preferido hacerlo contra el Gobierno. Curiosa paradoja, vive Dios.

Uno comprende psicológicamente a la funcionaria judicial que se ha tenido que tragar la peor parte de este marrón. Incluso uno comprende al juez correspondiente, abrumado por una montaña de sumarios y expedientes, muy propio de una comunidad en la que las bajas profesionales en los juzgados alcanzan a menudo marcas olímpicas. Uno lo comprende todo pero también comprende que los familiares de Mari Luz exijan explicaciones y que quien tenga que hacerlo pase por caja a pagar el pato.

La acción de protesta que desarrollaron los secretarios de la administración de Justicia en España podría hacer saltar eso que en la jurisprudencia se denomina alarma social. ¿O es que no resulta alarmante ese mensaje que nos habla de que cualquier error judicial es lo más normal del mundo y, por supuesto, carece de responsabilidad civil o penal subsidiaria por la sencilla razón de que el torpe aliño indumentario de la diosa de la venda en los ojos es decimonónico? Bajo esa sorprendente regla de tres, cualquier día de estos, Fu-Manchú se beneficia del tercer grado sin merecerlo la culpa es del ministro o de la consejera porque faltan grapadoras en el Prado de San Sebastián.

Dicho todo ello y al margen del trágico caso que nos ocupa, no es de recibo que los juzgados de este país recuerden a la oficina siniestra o a los legajos que, debidamente ordenado en las carpetitas de cartulina AZ tuvo que encontrar Franz Kafka en su oficinilla de Assicurationi Generalli en la Praga del XIX. El sistema informático Sócrates, como su propio nombre indica, ofrece más preguntas que respuestas y no hay ningún Platón que las responda.

En la era de la informática, la justicia española trabaja con formatos propios de Salomón. Y, tal vez por ello, aquí también hay una pequeña muerta que ahora intentan partir por dos aquellos que, de un lado, reclaman que se haga justicia o quienes, de otro, intentan evitarlo mareando la perdiz. El paro del martes no intentaba reparar los desperfectos de un sistema en tenguerengue sino brindar una coartada inaceptable. Y no hay derecho.

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