Local

Pasear por sus calles, la mejor fórmula para redescubrir el Centro

La política de peatonalización llevada a cabo por el Ayuntamiento en los espacios públicos del Casco Antiguo no sólo ha acabado con la tiranía de los vehículos, sino que ha ofrecido a los sevillanos una segunda oportunidad para vivir el Centro

el 20 ene 2011 / 18:31 h.

TAGS:

La peatonalización en el Distrito Casco Antiguo ha permitido ofrecer al ciudadano nuevos espacios públicos a través de los que poder disfrutar de la ciudad.

Caminar por Sevilla es la mejor forma de encontrarse con todas las maravillas que ofrece la ciudad en el interior del Distrito Casco Antiguo. Andar y hacer del peatón todos esos espacios monumentales que la ciudad ofrece a los sevillanos y a todos los que se acercan a ella para descubrirla. Y todo ello gracias a la apuesta municipal por recuperar para los ciudadanos aquellas zonas del Centro que habían sido invadidas por el vehículo privado, afectando no sólo al bienestar de los vecinos del distrito, sino también repercutiendo negativamente en los edificios más emblemáticos de la ciudad a los que la desorbitada presencia de los coches estaba generando un mal de consecuencias incalculables, que amenazaba con deteriorar aquello que había hecho de Sevilla uno de los lugares más especiales de todo el mundo por su valor artístico y cultural.

Sevilla, y muy especialmente el Casco Histórico, tenían la imperiosa necesidad de volver a ser esa ciudad de las personas en la que los sevillanos volvieran a sentir como suyos los espacios públicos. Con este afán, las calles y plazas del Centro comenzaron a transformarse, cambiando su fisonomía, gracias, en gran parte, a la política de peatonalización impulsada desde los organismos públicos, llamada a transformar la ciudad. Era el momento idóneo para que, partiendo desde los vestigios más relavantes de la historia de la ciudad, Sevilla llegara a convertirse en esa urbe moderna y sostenible que los propios sevillanos estaban comenzando a demandar. Surgió así en la ciudad una nueva conciencia basada en la puesta en valor de una serie de enclaves emblemáticos, como la Avenida de la Constitución, la Plaza de la Alfalfa, la Alameda o la Plaza de la Encarnación, que acabarían por convertirse en los máximos exponentes de esta política.

El bulevar de la Alameda es el mejor ejemplo de esta concienciación del sevillano. Por la mente de todos circulaba la idea de que la situación que atravesaba esta zona del norte del Casco Antiguo no era la más oportuna para el bienestar de sus vecinos. Fueron ellos, precisamente, los que por medio de los presupuestos participativos aportaron más de 500 iniciativas que transformaron la Alameda. El resultado fue satisfactorio para todos pues lo que antes era un desmesurado aparcamiento para coches pasó a convertirse en una amplio espacio para el peatón en el que fomentar los paseos, la unión de culturas, y la puesta en marcha de actividades culturales y lúdicas dirigidas a jóvenes y mayores. En el bulevar se instalaron bancos para fomentar el encuentro, fuentes que emergen desde el suelo y zonas infantiles que hacen de la Alameda un lugar más acogedor, sin perder la esencia popular que siempre la caracterizó.

Los sevillanos estaban decididos, irremediablemente, a tomar las calles. El eje que conforman la Puerta Jerez y la Plaza Nueva sería la siguiente parada del plan de peatonalización, y la Avenida de la Constitución el epicentro de un modelo que estaba cambiando la forma de concebir Sevilla. El 17 de abril de 2006, el Centro comenzó a cambiar. Ese día se iniciaron unos trabajos que acabarían por devolver este enclave a los sevillanos. Con la peatonalización de la Avenida se puso cerco a los 2.000 coches que cada hora pasaban junto a la Catedral, afectada entonces por el mal de la piedra, a las 600 toneladas de dióxido de carbono que se emitían en la zona y a los 72 decibelios de contaminación acústica que hacían imposible la presencia del peatón. Todo cambió, y lo que antes era una paisaje desolador, pasó a convertirse en un lugar de encuentro, hecho para el ciudadano, que derivó en el auge del comercio en el Casco Histórico.

El proceso era ya imparable por aquel entonces. La Piel Sensible de Sevilla se extendió por las plazas del Salvador, la Alfalfa, el Pan y la Pescadería en un proceso de peatonalización conjunto que hizo desaparecer los coches de estos grandes espacios públicos. Mirando atrás en el tiempo, y observando la realidad actual, los sevillanos pueden descubrir que lo que antes eran vehículos mal estacionados son ahora bancos, zonas infantiles y espacios amplios para su propio disfrute.

Pero esta nueva Sevilla no acaba ahí. Aún sigue avanzando, y la Plaza de la Encarnación será el culmen a un proceso que ha hecho de la ciudad un lugar más agradable en el que vivir. Cuando finalicen las obras del Metrosol Parasol, uno de los proyectos más ambiciosos en materia arquitectónica, la ciudad habrá recuperado para los sevillanos un espacio de 12.000 metros cuadrados en el corazón de la ciudad, símbolo de la Sevilla hecha para las personas.


  • 1