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Paseo detrás de la muralla

Vecinos y trabajadores debaten sobre los problemas y las ventajas de las peatonalizaciones.

el 01 ago 2010 / 18:35 h.

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Nada más cruzar el Arco de la Macarena, uno se adentra en las profundidades del barrio castizo que nos lleva a la parte norte del casco antiguo de Sevilla. Dejando a un lado la emblemática Basílica de la Macarena, a la izquierda tenemos la calle que le da nombre. Tocando la muralla, se puede caminar por sus entrañas en un amplio acerado, que ha sustituido toda una fila de aparcamientos. Las opiniones son para todos los gustos, pero el malestar por los cambios es patente tanto en vecinos como trabajadores.

Una residente se muestra satisfecha con la nueva acera. Es partidaria de recuperar la parte del casco antiguo para atraer turismo, añadiendo toques de color con árboles y otros elementos. "Sevilla es una ciudad muy bonita y está totalmente deteriorada, aunque deberían poner más aparcamientos subterráneos" reconoce sin dar su nombre.

Casi al otro lado de la calle, Eloy García se apoya en la puerta de su frutería. Tras reducir los aparcamientos a un solo lado, se las ve y se las desea cuando tiene que descargar las frutas y verduras de su furgoneta. "Hoy porque he tenido suerte y he podido aparcar aquí al lado, si no, lo único que me queda es dar vueltas a esperar que salga alguien", asegura.

Una de las cosas que critican los vecinos es el ancho de la acera. "Por este lado de la muralla apenas pasa gente, la mayoría va por fuera, por lo que no se entiende por qué hay zonas tan anchas cuando se podría aprovechar para poner algunas plazas", apunta Carmen de la Puente, también vecina del barrio.

Muy cerca, en Fray Diego de Cádiz, sólo unos pocos afortunados pueden aparcar al inicio de la calle. El resto está inundado por pivotes en su acerado más ancho. En los pocos negocios que se encuentran, sus propietarios y trabajadores también sufren en la búsqueda de un hueco cada día.
Subiendo por esta calle se encuentra la plaza del Pumarejo. Hace dos años que se realizó la reurbanización y los bancos de la placita están rodeados de pivotes por los cuatro costados. En uno de los laterales tres o cuatro vehículos están bajo la atenta mirada de una señal de carga y descarga. Uno de los bares emblemáticos de la plaza es el Umbrete, allí desde 1929. Uno de sus trabajadores, que lleva allí años, no está de acuerdo con la reciente restricción de aparcamientos. "El que venía a tomarse una cerveza con su coche ya no puede", asegura en este sentido.
Otros comerciantes no ven la parcial peatonalización de la plaza como algo negativo. De esta opinión es José Muñoz, que regenta el quiosco. "No está muy mal, pero hubiera hecho falta una previsión de aparcamiento."

Jesús Tarriño trabaja en una zapatería en la calle Feria, esquina con Peris Mencheta. Este dependiente vivió la reducción del aparcamiento de la vía hace un año: "He llegado a aparcar en Torneo y en la Facultad de Odontología."

La Alameda de Hércules fue la protagonista de la gran reurbanización que contagió al resto de calles. Carmen Lobo regenta la Confitería Osuna, al lado de la comisaría y se muestra escéptica: "Ya no hay ni paradas de autobús y a muchos clientes nuestros, mayores, les era más fácil venir aquí."

Reducir, pero con una alternativa, es la tónica general de las voces de estos afectados, pero a residentes y trabajadores sólo les queda agudizar su ingenio para poder llegar a sus destinos.

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