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Paso de nivel sin barreras

Para Lourdes cada día es una carrera de obstáculos. Esta estudiante de Primero de Derecho en la Olavide forma parte del medio centenar de estudiantes con dispacidad con los que cuenta la universidad. (Foto: Gregorio Barrera).

el 15 sep 2009 / 01:22 h.

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Para Lourdes cada día es una carrera de obstáculos. Esta estudiante de Primero de Derecho en la Olavide forma parte del medio centenar de estudiantes con dispacidad con los que cuenta la universidad. Ésta va a gastarse tres millones de euros en un plan de accesibilidad para hacer un campus amable para este colectivo.

"He tenido una infancia difícil y en el instituto tampoco fue fácil. Ahora es cuando estoy disfrutando". Lourdes Acosta ha empezado este curso Primero de Derecho. Es buena estudiante, pero se ruboriza cuando se lo dicen.

"Tú no sabes lo que es que te ayuden sin pedirte nada a cambio...", dice mirando fijamente a su compañera de clase y amiga Miriam. Ésta le ayuda a mover la silla de ruedas. "Cuando llegué a clase el primer día me pidió ayuda, y se la di. Y si no me la hubiera pedido también lo habría hecho. Es lo mínimo ¿no?", pregunta Miriam. Sabe de lo que habla. Su hermana estudia en la Olavide y tiene problemas de visión. La tiene que acompañar a las tutorías para leer los letreros de los despachos.

Lourdes Acosta forma parte del medio centenar de alumnos con discapacidad que estudian en la Olavide. Para mejorar sus condiciones dentro del campus, la institución se va a gastar en los próximos años tres millones de euros en un plan de accesibilidad para eliminar hasta el más mínimo obstáculo.

"Vamos a cambiar desde los ascensores hasta los picaportes de las puertas", apunta la vicerrectora de Participación Social, Rosalía Martínez. La Diputación de Sevilla ha diseñado el plan de accesibilidad que ahora tendrá que ejecutar la universidad. El organismo provincial ha considerado a la Olavide "como un municipio" y la ha incluido en esta iniciativa que lleva ejecutándose desde hace años.

El servicio de atención a los discapacitados, que coordina Juan Vázquez y que depende de Participación Social, va a montar una comisión específica de asesoramiento para orientar a la universidad a la hora de ejecutar el plan de accesibilidad. Lourdes hace un diagnóstico rápido: "El primer problema que te encuentras es el de las mesas de clase. ¿Y los aparcamientos? La gente deja el coche en cualquier sitio, incluso encima de las aceras. Mi madre tiene que dar un rodeo enorme para dejarme en un sitio en el que poder pasar con la silla de ruedas".

Entre los asuntos que tendrá que abordar esta comisión se encuentran los accesos para minusválidos una vez terminen las obras del Metro y del carril bici, apunta la vicerrectora de Participación Social.

No todo son obstáculos ni todo está por hacer. Vázquez recuerda que en la Olavide cuentan desde hace años con el programa Bienvenida y Lazarillo con los que se busca dar una atención más personalizada a los alumnos con discapacidad.

"El paso del instituto a la universidad suele ser motivo de abandono. Se les hace un mundo", afirma Vázquez. Con estos servicios, al igual que con la oficina de atención a este colectivo, se busca ayudar a los estudiantes con algún tipo de minusvalía, pero sobre todo sensibilizar al resto de la comunidad universitaria. Porque todavía hace falta.

Lourdes lo reconoce sin tapujos: "Yo me he sentido discriminada cuando una compañera de clase me dijo que no entendía cómo un minusválido podía estudiar". Lourdes toma apuntes como cualquier otro alumno de su clase y se maneja a la perfección con los libros.

En los planes de la universidad está introducir como materia curricular la discapacidad, como ya ocurre con la igualdad de género. La Olavide ha empezado a buscar la financiación para el plan de accesibilidad, aunque para facilitar las cosas a los alumnos, profesores y personal de administración y servicio discapacitados tiene en mente acciones inmediatas, como puede ser el caso de la impresión de la guía del estudiante en braile, gracias a la colaboración de la ONCE o la colocación de bandas antideslizantes en el pasillo central del campus para que los alumnos ciegos sepan dónde se encuentran en cada momento. "Este plan nos abre a la vida", concluye Lourdes.

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