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Patrimonio corralero

En el siglo XVIII, el dominio de la música italiana provocó una reacción hacia lo español e Iza de Zamácola reunió estrofas, como las seguidillas, para salvarlas; a finales del XIX Rodríguez Marín volvió a recopilar los cantos que el pueblo conservaba pero quien hojee...

el 15 sep 2009 / 22:32 h.

En el siglo XVIII, el dominio de la música italiana provocó una reacción hacia lo español e Iza de Zamácola reunió estrofas, como las seguidillas, para salvarlas; a finales del XIX Rodríguez Marín volvió a recopilar los cantos que el pueblo conservaba pero quien hojee esos volúmenes tendrá la sensación de encontrarse ante coplas muy cultas, con continuas conexiones con la Historia Sagrada y la poesía barroca, culterana o conceptista: uno y otro rechazaron incluir las que consideraban barriobajeras. Y es que una cosa es la transmisión oral y otra muy distinta la creación popular aunque una y otra la practicaran grupos al son de almireces, sonajas y otros objetos metálicos.

Se los llamó por eso gente del bronce y al nombre le pasó lo mismo que a su poesía; de designar a individuos no bien vistos por las élites, acabó siendo una preciosa metáfora que sirvió a Lorca para aplicársela a el Camborio y fijar de paso el perfil de un rostro gitano. También las sevillanas que venían de los corrales de los barrios, al ser admitidas en las casetas de la Feria de Sevilla, perdieron enseguida su procedencia, consintieron en dejarse acompañar por el piano, se convirtieron en sevillanas de autor y en industria.

Sólo en pueblos como Lebrija (aislada de las grandes vías de comunicación) pervivieron, unidas a la Fiesta de las Cruces, las antiguas seguidillas corraleras que hace dos décadas saltaron al mercado y ahora aquel Ayuntamiento quiere recopilar. Pero mucho antes las recogieron en magnetófono Mario Fuentes y Antonio Limón para el Museo de Arte y Costumbres Populares y Lebrija, más que entretenerse en intentar buscarlas, debería volcarse en promover la edición de lo que ya está inventariado. Allí está toda esa creación popular, incluida la que no gustaba a Iza de Zamácola y Rodríguez Marín.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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