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Paz en la tierra

Sobre el tráfico y el tráfago de la mañana sobrevuelan, por encima del Puente del Cachorro, bandadas de patos que, en uves perfectas y siguiendo perfectamente el río, van hacia su desembocadura, hacia Doñana. Seguro que desde allá arriba no sienten...

el 15 sep 2009 / 22:48 h.

Sobre el tráfico y el tráfago de la mañana sobrevuelan, por encima del Puente del Cachorro, bandadas de patos que, en uves perfectas y siguiendo perfectamente el río, van hacia su desembocadura, hacia Doñana. Seguro que desde allá arriba no sienten el ruido ensordecedor de los autobuses que llegan y salen de la estación de Plaza de Armas, ni el de los coches arrancando al ponerse en verde las luces del semáforo. Verán ralentizado el deambular de los cientos de personas que en esos momentos nos movemos apresuradamente. Desde el cielo es probable que les parezca que todo lo de aquí abajo está en paz.

Casi nadie ha levantado la vista para observarlos, preocupado cada cual en ir, venir, llegar o no llegar aún, pero a los que los hemos visto, a mí en particular, me ha parecido que su vuelo era tranquilo. Pero es su instinto lo que los conduce; van en busca de comida, calor, humedad?, de sabe Dios qué desde el principio de su tiempo, desde hace millones de años. De hijos a padres habrán volado por encima de un río que corría por medio de una ciudad, por otro -más atrás- con muchos brazos, así hasta sobrevolar una marisma ilimitada sin vida humana.

Movidos por el instinto, siempre hubieron de creer pasar por un inamovible territorio que, sin embargo, ha cambiado. El ser humano, dijo Aristóteles, es el único de los animales que posee el don de la palabra? Su naturaleza se ha desarrollado hasta poder comunicar a los demás qué es penoso y qué agradable. La palabra tiene como fin indicar lo provechoso y lo nocivo, lo justo y lo injusto. Quizás la hayamos usado más para los avances técnicos o para el ir y venir apresurado por las calles y por las noticias que para conseguir el sosiego del buen supremo, la vida. Por eso estos patos, vistos desde abajo, nos parecen tranquilos. Perfectos.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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