Cultura

Pedro Rabassa: descubriendo al Bach sevillano

El musicólogo Juan María Suárez defiende, gracias al Proyecto Atalaya, el valor de músicos olvidados de nuestro pasado.

el 27 dic 2013 / 21:08 h.

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Juan María Suárez Martos. Juan María Suárez Martos.

Estamos hablando de música que lleva muerta, en algunos casos, 300 años. Cuando la has recuperado y escuchas en directo cómo suena, es algo maravilloso. Le hemos devuelto la vida”. El musicólogo Juan María Suárez Martos habla con imparable entusiasmo de su labor, que no es otra que la de recuperar el patrimonio musical sevillano, una parte más, igual de importante que otras, de nuestra historia, de nuestro legado como ciudad. Lo hace asido al hilo que le presta el Proyecto Atalaya, que favorece la Universidad de Sevilla, y cuyo principal beneficiario, la Orquesta Barroca (OBS), se encarga de culminar en concierto.

Conjuntamente con Antonio Martín Moreno,Suárez Martos ha tenido ante sí la tarea de limpiar el polvo y reanimar partituras de Pedro o Pere Rabassa, AntonioRipa y Domingo Arquimbau, entre otros, todos ellos maestros de capilla de la Catedral de Sevilla en los siglos XVII y XVIII. “Cuando supe que la OBS iba a afrontar un proyecto con música de Rabassa les puse sobre la mesa 2.500 páginas de transcripción musical de su obra que yo había venido realizando... me contrataron rápidamente”, rememora sobre el punto de partida de su quehacer conjunto. “El barcelonés Rabassa fue el músico más importante de Sevilla entre 1724 y 1757”, explica. Estricto coetáneo de Bach, la huella de aquel catalán acogido y fenecido en Híspalis todavía permanece oculta en algunas parroquias de la ciudad para las que compuso música:“No voy a comparar a Rabassa con Bach porque la música no es una competición deportiva, pero su calidad fue incontestable y algunas de sus obras resultan sinceramente emocionantes”, opina Suárez Martos.

Pero el esplendor sonoro del gran templo catedralicio no acaba con él. Su labor sería continuada por Antonio Ripa, cuya música ha preparado el musicólogo y, recientemente, ha sido fijada en disco. “Me siento a veces como un Indiana Jones buscando tesoros en cámaras secretas, sin embargo en la mayoría de las ocasiones estas músicas están ahí, a la mano, esperando sólo que alguien les vuelva a prestar atención”. Si de Rabassa “podrían grabarse 30 o 40 discos con su música”, algo similar podría suceder con la de Ripa. “Hasta finales del siglo XVIII hubo en Sevilla compositores de un excelente nivel que escribieron una música que no desmerecía en absoluto a la que hacían otros creadores más renombrados en Centroeuropa”, opina.

El porqué entonces su impacto es tan limitado es cosa de inercias y “falta de insistencia”. “Hay que seguir recuperando y poniendo en valor”, demanda el investigador. Como ejemplo refiere “lo estupendamente documentada que está la época medieval y renacentista en Sevilla”. ¿El resultado?Grupos de todo el mundo se fijan en Francisco Guerrero o Alonso Mudarra y suman sus piezas  a los programas que interpretan. “Pero nuestra gloria internacional parece acabar en el siglo XVII, cuando no debería ser así”, sentencia.

Recientemente, partituras de Domingo Arquimbau –tercero en la línea sucesoria tras Rabassa yRipa– sonaron en la Anunciación tras pasar sus viejos pentagramas por las manos de Suárez Martos: “Estamos hablando de miles de partituras que deberían catalogarse debidamente, grabarse, tocarse y editar cuidadosamente para que cualquier músico, en cualquier parte del mundo, pueda acceder a ellas si lo desea”.

Nadie confía ya en que aparezca una nueva obra maestra.  Ahora el foco está en “difundir, difundir y difundir”, demanda el musicólogo. “Y si alguien después de escuchar algunas de estas músicas piensa que estamos perdiendo el tiempo, que esto es música sin interés, entonces... bueno entonces no voy a comentar el juicio que puede merecerme”, desliza.

Cualquier persona, con su carnet de identidad, puede acceder al archivo de la Catedral y tener ante sí estas partituras. “Pero hace falta talento para seleccionar y discriminar”, dirá Suárez Martos. Y no sólo para eso, antes de que los músicos pongan una obra en sus atriles sucede un laborioso y desconocido proceso que a menudo tiende a olvidarse. “Hay que localizar las obras, elegir las mejores, transcribirlas a códigos de notación modernos, preparar las partituras, decidir en muchos casos qué acompañamiento instrumental es el adecuado, etc...”, explica el máximo artífice de que los compositores cuyos nombres deambulan por este texto hayan vuelto a la vida. Que el Proyecto Atalaya continúe o no sólo compete a la Universidad hispalense, pero Suárez Martos, la OBS y el público confían en que sí lo haga: “No hay retratos de ellos y poco sabemos de sus vidas, sólo nos queda su arte, su música escrita desde y para Sevilla”, concluye.

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