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Pekín bien vale un camino

Su paisano, el rey Enrique IV de Navarra, abjuró del protestantismo para subir al trono: "París bien vale una Misa", dijo. Desde niña, la ciclista Anne-Caroline Chausson soñaba con el oro olímpico y ha tenido que cambiar de disciplina para alcanzar la gloria.

el 15 sep 2009 / 06:17 h.

Su paisano, el rey Enrique IV de Navarra, abjuró del protestantismo para subir al trono: "París bien vale una Misa", dijo. Desde niña, la ciclista Anne-Caroline Chausson soñaba con el oro olímpico y ha tenido que cambiar de disciplina para alcanzar la gloria.

El BMX es una modalidad ciclista que nació en California en los años setenta y que en Pekín vivirá su estreno olímpico. Las reglas son tan sencillas como las del motocross, su inspiración: los pilotos se lanzan vertiginosamente por unas rampas de quitar el hipo y gana el que llega antes tras superar un circuito de toboganes que más parecen aptos para la montaña rusa. Los toques entre ciclistas, los saltos y las caídas hacen de ella una disciplina peligrosa y espectacular.

Cuando empezó a montar en bici, la menuda Anne-Caroline Chausson sólo podía montar en estas pequeñas bicis de cross debido a su escasa estatura. Pero su experiencia en el BMX terminó en 1992, cuando con sólo quince años fue campeona del mundo júnior y decidió pasarse a la bicicleta de montaña, la modalidad en la que ha reinado. El motivo del cambio era la obsesión que tenía desde niña por los Juegos Olímpicos. El COI anunció que la mountain-bike entraría en el programa a partir de Atlanta'96 y Chausson vio abiertas las puertas del cielo.

Sin embargo, el Comité Olímpico Internacional hizo caso omiso de la recomendación de la Unión Ciclista Internacional y sólo incluyó en el programa de los Juegos la prueba de fondo, mientras que Chausson contaba con especializarse en descenso, la disciplina que mejor se adaptaba a sus características. Aun así, su palmarés empezó a crecer hasta convertirse en un caso único en el deporte mundial: ganó todos los mundiales entre 1993 y 2005 en descenso y le sumó otros cuantos títulos en slalom. Era la reina indiscutible de su deporte pero los programas de la BTT no se revisaron ni en Sidney ni en Atenas. Algo había que hacer porque se le pasaba el arroz.

En enero de 2006, cuando se desveló la inclusión del BMX para los Juegos de Pekín, Anne-Caroline Chausson convocó una rueda de prensa que duró un minuto: "No me he montado en una BMX desde hace trece años pero voy a ganar una medalla olímpica, posiblemente la de oro". Y se pasó a la modalidad de cross con excelentes (e inmediatos) resultados: campeona de Europa y del mundo en 2007 y subcampeona mundial en 2008, sólo superada por la británica Shanaze Reade, doce años menor que ella y su gran rival en el BMX.

Cuatro posibles medallistas. La Federación Francesa de Ciclismo cuenta con ser la que más podios aporte en Pekín a la delegación gala. Su director técnico, Patrick Calzaud, espera que "entre ruta, pista, mountain-bike y BMX, sumar una decena de medallas". Para ello, cuenta con un auténtico dream team en esta última modalidad, ya que "los cuatro corredores seleccionados y los dos que viajan como reservas son posibles medallistas". En efecto, entre Chausson, su compañera Laetitia Le Corguillé y los dos representantes masculinos, Thomas Allier y Damien Godet, suman quince medallas en grandes campeonatos y una treintena de triunfos en pruebas de la Copa del Mundo.

Puede que sus compañeros, casi tan jóvenes como la historia olímpica del BMX, tengan más oportunidades. Pero para Anne-Caroline Chausson, la ciclista bajita que no sabe dónde guardar tantos maillots arco iris, Pekín 2008 es la última ocasión para figurar en el palmarés olímpico. Aquello con lo que soñaba desde la infancia.

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