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Pensé: "Este edificio no aguanta el terremoto"

El arquitecto sevillano Javier Queraltó, concejal en las dos primeras corporaciones municipales, vivió el seísmo en la cuarta planta de un edificio de Tokyo.

el 14 mar 2011 / 20:36 h.

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Al arquitecto sevillano Javier Queraltó, el terremoto del viernes le sorprendió en la cuarta planta de una torre de Tokyo que tembló de tal manera que creyó que se venía abajo. "Como arquitecto, pensé: estas torsiones no las aguanta el edificio, y menos estas enormes cristaleras. Pero no pasó nada". Sólo que, al paralizarse todo el sistema de transportes de una ciudad de 34 millones de habitantes, las calles estaban tan atestadas que parecían "una bulla de Semana Santa", según explicaba ayer el arquitecto, de regreso a Sevilla después de haber volado de vuelta hacia España el domingo.

Queraltó pasaba 15 días en Japón, de turismo y para participar en una charla sobre arquitectura que se celebró en Kyoto el 2 de marzo, y en la que explicó la transformación urbana del Casco Norte de Sevilla. El viernes a mediodía -7 de la mañana en España-, se encontraba en un edificio de una de las calles comerciales más conocidas de Tokyo, Omotesando, en la que han construido sus edificios arquitectos japoneses tan reconocidos como Tadao Ando, autor del pabellón de Japón de la Expo 92 de Sevilla.

Cuando notó los temblores, su primer impulso fue poner a grabar su cámara de fotos para hacer un vídeo, pensando que se trataba de uno de los muchos seísmos que la isla padece con frecuencia. "Estuve grabando durante un minuto y 28 segundos, hasta que vi las caras de preocupación de la gente". En Tokyo, el terremoto llegó al grado 7 de la escala Richter -en Sendai, epicentro del seísmo, llegó a 8,9 grados- y provocó un cimbreo tan importante del edificio que Queraltó pensó que las enormes cristaleras estallarían. No fue así. "Están muy preparados para los terremotos, los materiales absorben el movimiento y en Tokyo no pasó nada. Pero creo que en ese momento la gente tampoco sabía qué hacer". Sin embargo, poco después la televisión japonesa sólo emitía información sobre el terremoto y los altavoces de los centros comerciales que copan la ciudad explicaban qué hacer.

Queraltó salió del edificio sin tener aún clara la trascendencia del movimiento de tierra, e incluso trató de entrar en un museo al que tenía previsto ir esa mañana, pero se lo encontró cerrado. Al mismo tiempo comenzaron a llegarle mensajes de preocupación de su mujer y su hija, y al comprobar que no podía llamarlas porque su móvil no tenía cobertura, se dio cuenta "de que tenía que volver".

El problema fue que para entonces el transporte público estaba completamente paralizado y Queraltó se encontraba a unos 12 kilómetros de su hotel. Tras hablar con su familia, a través del teléfono de un establecimiento hotelero de lujo que le permitió llamar gratis, decidió echar a andar. "Un hombre me guió hasta encontrar el camino, por las aceras atestadas de gente que parecía Semana Santa, en las que había que pararse porque había semáforos".

A lo largo del camino no encontró más desperfectos que "algún bordillo descascarillado y alguna arqueta movida, que ya estaba incluso acotada para que la gente no tropezase". Ningún edificio parecía afectado, explicó con cierto asombro el arquitecto, que fue concejal por el PSOE en Sevilla durante la primera y la segunda corporación del Ayuntamiento (1979-1987), y más tarde jefe de la Oficina de Rehabilitación del Casco Norte.

2 horas y media andando. El trayecto de vuelta andando hasta reencontrarse con su familia le llevó dos horas y media "y, al entrar al hotel, todavía notaba que el edificio se movía".

El sábado, en las calles de Tokyo se veía poca gente y los transportes estaban "a medio gas", pero el domingo, cuando debía coger el avión de regreso, las comunicaciones ya se habían restablecido. "Teníamos el billete de tren al aeropuerto reservado y nos daba cierto miedo, porque era una hora de viaje y no sabíamos si llegábamos a tiempo, pero llegamos sin problemas".

Pasado el mal trago, Queraltó admite que "durante ese minuto" en el que el suelo no dejó de temblar pasó miedo, aunque por fortuna quedó en un susto.

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