Cultura

Pepe Moral muestra su solvencia

A las ocho menos cuarto de la tarde, Uceda Leal convertía a Pepe Moral en matador de toros tras largo parlamento. El brindis, no podía ser menos, iba a ir destinado a su maestro Manolo Cortés, un hombre clave en el rescate de este buen torero de Los Palacios que ayer inició una dura y complicada andadura en el escalafón de los matadores de toros.

el 16 sep 2009 / 04:09 h.

A las ocho menos cuarto de la tarde, Uceda Leal convertía a Pepe Moral en matador de toros tras largo parlamento. El brindis, no podía ser menos, iba a ir destinado a su maestro Manolo Cortés, un hombre clave en el rescate de este buen torero de Los Palacios que ayer inició una dura y complicada andadura en el escalafón de los matadores de toros. En ese momento íntimo entre dos hombres que han compartido lucha y esfuerzos sobró la injerencia y el exceso de celo del alguacilillo. ¿No puede un matador de toros como Manolo Cortés pisar el ruedo de la Maestranza para recibir el brindis de su torero? El mismo celo debía emplearse para impedir el paso a tanto figurón que nada pinta, que para nada sirve en el cada vez más concurrido callejón de la plaza de toros de Sevilla.

Y el caso es que el toro escogido para la ceremonia, de preciosas hechuras, salió abantito y se descolgó con cierta calidad en sus primeras arrancadas. Pero estaba frito, prácticamente inválido, y hubo que dejarlo sin picar en espera de que mejorara su motor en el último tercio. Pero fue un imposible. Sin mala condición, el toro de Gerardo Ortega no se tenía en pie y a Moral no le quedó otra que mostrar su buen concepto entre la impaciencia del público y la debacle de su enemigo.

Había que esperar al sexto. Moral se espatarró y se gustó en un larguísimo recibo capotero, resuelto a no dejar pasar la tarde en blanco. Flojeó el toro en los caballos y el personal se mosqueó sin que fuera devuelto a los chiqueros. El brindis, esta vez, fue para el público y el toro se unió a la fiesta rompiendo en la muleta de Pepe Moral, que se gustó por el lado derecho en muletazos rotundos, de trazo firme. Hubo hondura en el trasteo del palaciego, que reveló su calidad en un gran pase de pecho antes de echarse la muleta a la mano izquierda para trazar dos naturales de exquisito dibujo. Pero el toro se estaba desinflando a esas alturas. Había que coger aire y la faena, en esta fase, ganó en cadencia por el lado derecho. Un inoportuno desarme cortó el hilo del trasteo. Para entonces no le quedaba gas al toro. Había que matarlo y Pepe Moral lo despachó de media estocada. Hay torero.

Otro que llegó algo falto de motor a la Maestranza fue el madrileño José Ignacio Uceda Leal, que volvió a ser fiel a su papel de eterna promesa: apuntando sin disparar con el buen toro que salió en segundo lugar, un animal noble, con clase y de viajes rebosantes que era el ideal para cuajar ese pretendido toreo de clase de Uceda, que volvió a desperdiciar una oportunidad de oro. Los buenos y discontinuos muletazos que le enjaretó el madrileño no pudieron tapar su incapacidad, los pinguitos y la falta de confianza en sí mismo para cuajarlo de verdad. Que se le fue, vamos. aunque no fallara su infalible y contundente espada.

Uceda tuvo la dudosa suerte de sortear otro toro, el cuarto, que le permitió pasar al menos desapercibido. El toro se paró y se quedó corto en la muleta y el madrileño escenificó un retórico planteamiento de faena pero esta vez era imposible. El astado se defendía, apenas pasaba en el engaño y echaba la cara arriba. La espada, afortunadamente, volvió a funcionar con solvencia.

Salvador Cortés reaparecía en Sevilla con la herida fresca y desoyendo los consejos médicos. Pero no cabía otro remedio que estar. Su primer toro, distraidito de salida y de generosa cornamenta, no le permitió estirarse del todo con el capote. Tampoco anduvo muy sobrado de fuerzas este tercero de la sofocante tarde de Corpus. Cortés brindo a El Cid, diálogo entre dos toreros sevillanos en distinta situación profesional que coinciden en los difíciles trances que están atravesando en sus carreras.

Y el caso es que el toro, un punto distraído, se desplazaba en la muleta de Cortés, que lo citó de largo en el platillo de la plaza desplazándose con boyantía, rebosándose en los engaños. Le faltó algo de rotundidad al cuerpo central de una faena que brilló más en el toreo al natural, especialmente en una serie de muletazos largos, templados y bien rematados. Pero no se puede juzgar con severidad el trasteo de Cortés, que debió hacer un gran esfuerzo para estar en la cara.

Cortés volvió a la palestra con la pierna cada vez más dolorida. Se castigó fuerte en varas a este quinto, que permitió a Pepe Moral esbozar un templado quite a la verónica. El toro acusó el excesivo tute recibido y se movió con poca clase en la muleta de Cortés, al que a esas alturas no le acompañaban las facultades. En esa situación era muy difícil mantenerse en la cara, resolver las dificultades y tener confianza en sus propios reflejos. Salvador había consumado su empeño y se llevaba un trofeo en el esportón pero deberá aguardar a estar recuperado para volver a torear. Después de dar muerte al toro tuvo que pasar a la enfermería.

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