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Pepito Ávalos, el último romántico

Mi gran amigo Pepe Ávalos -en realidad era un padre para mí-, se ha marchado y me ha dejado el corazón como cuando pisas un tomate maduro en el campo: estrujado. Y ahora, ¿qué va a pasar? No sé cómo voy a poder seguir yendo a los festivales y a las peñas, porque lo voy a ver por todas partes.

el 15 sep 2009 / 11:12 h.

Mi gran amigo Pepe Ávalos -en realidad era un padre para mí-, se ha marchado y me ha dejado el corazón como cuando pisas un tomate maduro en el campo: estrujado. Y ahora, ¿qué va a pasar? No sé cómo voy a poder seguir yendo a los festivales y a las peñas, porque lo voy a ver por todas partes.

Por donde quiera que voy/ parece que te voy viendo./ La sombra de tu cariño/ que me viene persiguiendo. Le gustaba esta soleá, que alguna vez le canté en aquellas añoradas reuniones de la Peña Flamenca de Tomares.

Hoy me gustaría ser un cantaor de pellizco gitano, como a él le gustaban, para poder cantarle algunas noches en la puerta del cementerio, porque se ha quedado allí más solo que el pino de Mampela. Si al final decido ir a cantarte un ratito, Pepitomismuertos, prometo llevar de todo menos aceitunas. No las podía ver. Tenía sus rarezas, pero era mi amigo del alma.

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