Pequeños valientes

Niños con discapacidad intelectual aprenden a relacionarse con el entorno gracias a juegos de luces y sonidos del Aula Multisensorial del centro San Juan de Dios de Alcalá de Guadaíra.

el 11 ago 2014 / 11:15 h.

15999696Manuel Jesús tiene cinco años. Sufre una discapacidad intelectual grave desde su nacimiento. Cada día acude al centro Ciudad San Juan de Dios de Alcalá de Guadaíra, donde al igual que otros tantos pequeños –unos 200– recibe un tratamiento de estimulación especializado en el Centro Educativo Asistencial. Un haz de luz que cambia de color y experiencias musicales y olfativas le ayudan a ser «más sociable» y a «responder a los estímulos externos» reconociendo incluso a las personas que lo rodean, como explican sus padres, María Ángeles y José, ambos residentes de Carmona. Dicen que no lo dudaron cuando conocieron el trabajo que se realiza en este centro: «Supimos que el niño tenía que venir aquí». Y así fue. La primera vez que lo dejaron no se querían alejar mucho:«Nos pasamos todo el tiempo en un centro comercial por si no llamaban». Dos años después, aseguran que lo mejor de cada día es recibirlo «con una sonrisa en su carita» al salir de las clases. Manuel Jesús ha evolucionado mucho en todo este tiempo. Buena parte se debe al denominado Aula Multisensorial. Allí, Fernandi, terapeuta del centro, recibe al niño masajeando sus manos con aromas de vainilla:«Ellos relacionan este olor conmigo, con los ejercicios de relajamiento y con este rato en el que disfrutan de sensaciones musicales, visuales y olfativas», dice al tiempo que matiza que se trata de «estímulos a través de los que se busca una reacción en el niño». Para ello se trabaja con una cama de agua, botones de colores que al pulsarlos emiten diferentes aromas florales asociados al tono, un micrófono con capacidad de modular el tono de voz y juegos para desarrollar sus destrezas y psicomotricidad. «A la vista de cualquiera pueden resultar simples juguetes, pero son mucho más que eso», advierte Fernandi. 15999689Los padres son los primeros en notar los avances de este pequeño valiente que ha padecido largas estancias en los hospitales e incontables operaciones. «Hace dos años no podíamos salir a la calle con él, porque sufría mucho fuera de su ambiente habitual. No sabía relacionarse con su entorno y lloraba muchísimo». Su abnegada madre, que reconoce que la vida «se paraliza» cuando le comunican el problema que traía su hijo, insiste en que gracias a la terapia y a los cuidados del centro han podido descartar algunas afecciones que le habían sido diagnosticadas:«Ni tiene problemas de visión ni es sordo. Ahora Manuel Jesús responde a los estímulos externos, conoce a cada uno de sus cuidadores y puede estar en compañía de otros niños porque ha aprendido a relacionarse». Pero la cosa no termina ahí. Muchas tardes cuando el niño regresa del centro de San Juan de Dios, sus padres se hacen un buen número de kilómetros para continuar con otras tareas de rehabilitación. Les acompaña el benjamín de la casa, José Miguel, de tan sólo tres años: «Es el más pequeño de los dos y se ha convertido en el mejor amigo de su hermano, en su mejor aliado. Lo protege y lo cuida», aclara un orgulloso padre que no olvida la frase que le dijo un médico en una de las crisis hospitalarias del niño:«Es un Superman pequeñito, un ejemplo de superación para todos».

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