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Cultura

Pere Gimferrer: «No puedo entender que llamen ‘asesino’ a un torero»

El escritor barcelonés leyó ayer poemas en Sevilla por primera vez

el 18 may 2010 / 19:37 h.

Pere Gimferrer.
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Nombre destacado del grupo poético conocido como los novísimos, miembro de la Real Academia y escritor galardonado con los principales premios de la lengua española y catalana, Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) leyó ayer sus poemas por primera vez Sevilla, concretamente en la Biblioteca Infanta elena, invitado en el ciclo Letras capitales.

"Dejando aparte a Bécquer y Herrera, y sin olvidarme de Machado ni de Cernuda, hay en mi biografía un poeta muy importante nacido aquí, Vicente Aleixandre", comenzó diciendo Gimferrer en un encuentro con la prensa, aunque después de enumerar muchos poetas actuales que le interesan acabó resumiendo que "todos descendemos de la Generación del 27, que a su vez descendían de Rubén Darío y de Juan Ramón Jiménez".

Autor de títulos fundamentales en la renovación de la poesía española como Mensaje del Tetrarca (1963), Arde el mar (1966) y La muerte en Beverly Hills (1968), Gimferrer empezó a partir de 1970 a publicar en catalán, con libros como Els miralls, Hora foscant (1972), Foc cec (1973) o L'espai desert (1977), sin olvidar algunas incursiones en francés e italiano. "Juan Luis Panero me dijo una vez que aspiraba siempre a encerrarse en la plaza con el mismo toro. Yo prefiero encerrarme con un toro cada vez, necesito escribir libros distintos", dijo.

"El catalán es mi primera lengua, y el castellano la segunda, entendiendo como tales la gradación en que las fui aprendiendo. Luego, de las demás, no sería capaz de escribir en todas las lenguas que he aprendido. Nunca he intentado hacerlo en inglés, o en latín. Aunque puedo leerlas, me resultaría muy difícil", comentó. "En el año 70, escribir en catalán tenía una significación, aparte de la literaria. Era escribir en una lengua que tenía un pasado medieval importante, con unos poetas extraordinarios a lo largo del siglo XX, pero que se encontraba en una situación complicada".

Gimferrer se ha referido a menudo a la crisis del creador como un reflejo de la actual crisis de identidad, pero no necesariamente las vincula a vaivenes políticos o lingüísticos. "Esas crisis no son de ahora mismo, aparecen como mínimo a mitad de siglo XX. En el fondo, ¿de qué trata Albert Camus, en El extranjero por ejemplo, o incluso la obra de Kafka? Pero si vamos a un contexto más cercano o actual, me es difícil disociar la crisis de identidad del triste y cada vez más denostado papel de las Humanidades en la enseñanza. Es decir, si empezamos por no estudiar ni latín ni griego, y poca o ninguna Historia literaria, y poca o ninguna filosofía, más que crisis, lo que hay es una dificultad para hacerse una identidad o formularse a uno mismo, ¿con qué herramientas vas a hacerlo?".

En este sentido, el poeta cree que "hay unas complicidades muy antiguas. Hace muchísimas décadas, una persona dijo aquello de ‘menos latín y más deporte', pero no fue una frase aislada. Si usted ve las últimas encuestas del CIS, sólo un 8% de los españoles está estudiando lenguas extranjeras. ¿Cuántos no lo estudian? Hay un porcentaje elevado de españoles que no sólo no estudian lenguas extranjeras, es que no lo desean".

Por último, Gimferrer mostró su perplejidad por el hecho de que en Sevilla haya movimientos antitaurinos, y se reafirmó en su conocida defensa de la Fiesta. "En la cuestión de los toros he participado una barbaridad, prologando el libro Cataluña taurina, asistiendo a actos con matadores en activo, como Esplá o Ponce, y jubilados, como Joaquín Bernadó. El otro día llamaban asesino a Ponce, y es algo que no puedo entender. El toreo es una de las tradiciones artísticas y culturales más arraigadas, un arte único e irrepetible que difiere de la pintura y la literatura, llamadas a perdurar, y se parece más al ballet o a la música, esencialmente efímeras. El argumentario de los abolicionistas nace de una profunda incomprensión de la Fiesta, y ahí no hay diálogo posible. No se puede analizar una manifestación humana desde argumentos ajenos y exteriores a ella. Es como si alguien criticara a la poesía diciendo que nadie en la vida real habla en verso", apostilló.

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