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Cultura

Pérez Olivares, a cara descubierta

El creador cubano propone en el Cicus un diálogo entre sus poemas y su pintura

el 26 ene 2015 / 12:00 h.

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El poeta y pintor cubano José Pérez Olivares, junto a una de sus obras expuestas en el Cicus. / J. M. Paisano El poeta y pintor cubano José Pérez Olivares, junto a una de sus obras expuestas en el Cicus. / J. M. Paisano La sala MDD del Cicus acoge hasta el próximo 6 de febrero la muestra El rostro y la máscara, donde el cubano afincado en Sevilla José Pérez Olivares (Santiago deCuba, 1949) propicia el diálogo entre sus poemas y su obra gráfica y pictórica. «Lo que me he propuesto en esta pequeña muestra de ocho obras y ocho poemas es un diálogo entre dos vocaciones, la del poeta y la del pintor. En ella hay dos enfoques que no siempre son coincidentes, pero que se complementan», afirma. Comisariada por Alejandro Luque, periodista de El Correo, en la muestra todas las piezas tienen como elemento común la reflexión sobre el rostro y la máscara, una constante desde sus inicios. «La máscara en mi obra es casi una profesión de fe, porque empezó en mis juegos infantiles, pasó después al dibujo, y finalmente a la poesía», explica el autor. «Creo que la única explicación que tiene es mi preocupación sobre la identidad, lo auténtico, esa ambigüedad que es una de las cosas que más me atrae de la creación. Mostrar una cara y tener otra. Es la búsqueda de la verdadera naturaleza de las cosas», agrega. Sobre su condición de creador bifronte, Pérez Olivares comenta que «me considero un artista y escritor, que se ha formado al calor de la experiencia de las vanguardias», señalando así su influencia más evidente. «Como pintor, por ejemplo, estudié en una escuela que era realmente una heredera de las grandes instituciones nacidas de la vanguardia, la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, que había tomado muchos elementos de la Bauhaus. Por tanto, esa formación marcó mi destino como creador», recuerda. «Sin esa formación, yo no sería quien soy. Y hay un conjunto de artistas que están ahí, como Picasso, o como Ensor –que no siendo vanguardista, influyó poderosamente en este movimiento, y a través de él en mí–, por no hacer la lista demasiado larga». «Más que como influencias, que son inevitables, cuando uno utiliza de manera consciente esa herencia, ya las intenciones son otras. He analizado, he tomado, he reelaborado elementos de estos maestros con una intencionalidad concreta», subraya este autor, cuyo último reconocimiento obtenido fue el premio de poesía Hermanos Machado, que recayó el año pasado sobre su libro A la mano zurda, y que vio la luz la pasada primavera en el sello de la FundaciónLara. Aunque descendiente de españoles, su raíz caribeña también está presente en su obra, aunque de un modo muy sutil: «Yo creo que el Caribe está presente en lo que hago, pero de manera muy elíptica. En mí no vas a encontrar la palmita, la playa, el cliché, sino más bien está en el uso del color. En muchas composiciones mías, en el uso hay parentesco con artistas latinoamericanos, mexicanos, argentinos, brasileños y posiblemente cubanos, pero no voy a decir con cuáles. Es una marca de familia solamente. La vocación del color en algunas de estas obras está determinada por recuerdos muy lejanos: la puesta de sol en Santiago de Cuba, el colorido de esa tierra... Pero eso está demasiado metabolizado, y no se puede traducir a formas concretas. En el color hay mucho más contenido que en la misma forma que uno representa», añade. La exposición se completa con una vitrina en la que Pérez Olivares exhibe su trabajo como ilustrador de discos, libros y revistas. «Siempre tuve una vocación de ilustrador, también. Por encima de todas las cosas sigo siendo un dibujante, y he dedicado buena parte de mi tiempo y mi carrera a la ilustración. Es un trabajo que he hecho con una gran responsabilidad, aunque casi siempre por encargo. He ilustrado decenas de revistas como El caimán barbudo, Unión, La Gaceta de Cuba, o Caleta, RevistAtlántica o Renacimiento en España, entre otras; y libros de autores como el Paradiso y Oppiano Licario de Lezama Lima, a Carpentier, a Roberto Fernández Retamar, a muchísimos, también a poetas jóvenes», concluye. ~

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