Cultura

Pérez Villalta: "Los teóricos del arte de hoy son como curas hablando de sexo"

el 15 mar 2011 / 20:50 h.

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-No es la primera vez que se revela como escritor, pero, ¿cómo afronta el cambio del pincel a la escritura?

-Para mí es muy natural. Lo que hago es pensar, y después todo se va realizando. Y no escribo más porque realmente me resulta demasiado entretenido. Me lleva un tiempo que casi siempre prefiero invertir en pintar un cuadro, o en dibujar. Pero tengo pensados muchos otros libros...

-Sí, se habló de uno sobre la música que le gusta...

-Así es, pero consideré que iba a ser una cosa muy larga y complicada. Luego pensé que es una desgracia que el arte contemporáneo sea lo único que existe hoy, y que el conocimiento del arte de todos los tiempos debía de ser una cosa muy natural, pero no es así. Me parece imperdonable que, no ya la gente de a pie, sino muchos de mis compañeros, no conozcan, por ejemplo, a Borromini.

-¿Y por qué un libro sobre el Rococó?

-En general, el arte del presente es extraordinariamente feo. Y, como una reacción ante eso, creo que el Rococó es un momento de la Historia del Arte muy desprestigiado, tachado de cursi, pero que a mí me parece sublime. Por eso digo que es un libro hecho para el presente. Conste que no es un tratado sobre el Rococó. No soy un erudito, todo lo contrario, detesto a los eruditos, me meto con ellos. Frente a sus textos sesudos e insoportables, he querido hacer algo que se lea muy bien, y que no esté engordado, como la mayoría de los ensayos. La paja literaria me parece inútil.

-Creo que lo ha conseguido, es muy claro.

-Ese lenguaje académico pretencioso, derivado de las filosofías estructuralistas de los 60, sólo tiene por objeto no ser entendido por nadie. Todo eso es un velo para cubrir lo que ni el autor entiende, y lo aceptamos todos. Por eso la cultura del presente es vacía, pomposa y está cubierta de esa prosopopeya literaria.

-En su libro distingue clasicismo y buen gusto. ¿Rendimos excesivo culto a lo clásico?

-La gente, para empezar, no sabe qué es clásico: lo que permanece porque no hay posibilidad de cambiarlo. El templete de San Pietro in Montorio es así. De modo que lo clásico es, por definición, lo rancio. El problema grave es la teoría del buen gusto. Ahora el buen gusto es ese minimal-conceptual. Pero lo que hay ahí es una falta de gusto. El gusto no tiene que ser ni bueno ni malo, sino establecer una emoción.

-¿No es provocador por su parte hacer una defensa del kitsch?

-Odio la palabra, pero la mayor parte del kitsch es precioso. No quiero sacudir a nadie con estas afirmaciones, sino desengañar a la gente de sus mentiras. El gusto puede estar en un camembert podrido, de sabor exquisito. Hay que encontrarlo allí donde esté.

-Invita a que cada uno encuentre su idea de belleza...

-La belleza es el sustituto de la verdad. La verdad no existe, pero la belleza sí, y está por encima de la verdad y del conocimiento. Incluso está por encima del concepto de Dios, en quien no creo. Si algo puede haber de positivo en la vida es la idea de belleza.

-También sorprende que defina a Disney, hoy tan denostado, como una transgresión vigente.

-En el Disney primitivo, que hacía productos para la masa, había una penetración en las cosas emocionales, profundas, dirigidas a excitar al espectador. Ya podía ser una fuente de terror como el bosque de la Bella Durmiente, como el gran melodrama que es Bambi. Todo lo demás es de una belleza impresionante, hecha por gente de una enorme formación dispuesta a hacer arte popular, de ahí el interés de Dalí por Disney.

-Hace usted una defensa de lo raro. ¿No vivimos una apoteosis de lo raro, lo extravagante?

-No hay que confundir ambos términos. Los que nos consideramos extravagantes no queremos ser entendidos, queremos estar fuera del ámbito general: si estuviéramos protegidos, nuestra extravagancia perdería su gracia. Lo raro, en cambio, es todo aquello que no puede ser descrito o analizado en profundidad. Si se entiende, pierde sus cualidades.

-Y en el contexto del arte actual, ¿no es usted, en cierto modo, un clásico?

-No, no, yo soy una especie de isla, como hay otras. El arte contemporáneo es una tiranía, algo absurdo, limitado, terrible. Está dirigido por teóricos, que es como un cura -de los célibes- hablando de sexo. ¿Cómo pueden hacerlo si ignoran lo que es la emoción creativa?

-Dirán que la emoción no tiene que formar parte del arte.

-¡Pues están totalmente equivocados! Lo único que tenemos como seres humanos es la emoción. Esos son los dos poderes del ser humano: la emoción de la belleza y la consciencia, nuestro don más extraordinario y terrible: darnos cuenta de que nos damos cuenta.

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