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Peripecias de alcoba y corona

El de un rey, Fernando el Católico, muerto a causa de una sobredosis del viagra de la época, o los muchos de la viuda de Fernando VII, María Cristina, con Fernando Muñoz, con quien tuvo ocho hijos, son algunos de Los grandes polvos de la historia, recopilados ahora en un libro.

el 14 sep 2009 / 22:50 h.

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El de un rey, Fernando el Católico, muerto a causa de una sobredosis del viagra de la época, o los muchos de la viuda de Fernando VII, María Cristina, con Fernando Muñoz, con quien tuvo ocho hijos, son algunos de Los grandes polvos de la historia, recopilados ahora en un libro.

José Ignacio Arana, médico y profesor de Pediatría de la Universidad Complutense de Madrid, quería que su libro tuviese el "recatado" título de Historias curiosas de la sexualidad, pero "las mujeres de Espasa Calpe", que ha editado el libro, "son tremendas y viendo su contenido decidieron que no podía llamarse más que como se llama". Los grandes polvos de la historia es un ensayo riguroso sobre la sexualidad a lo largo de la historia, aunque escrito "en tono desenfadado".

De entre todas las pasiones amorosas, Arana destaca la que embargó a Fernando el Católico, ya viudo de Isabel, por Germana de Foix, a la que llevaba 36 años. Se casaron, tuvieron un hijo, Juan, que murió, y una vida sexual inusual entre la realeza de aquella época. Para atender a los requerimientos de su esposa, Fernando el Católico se "medicó" con cantárida, un insecto que contiene una sustancia responsable de una vasodilatación muy parecida a la que produce la viagra usada hoy.

El problema es que la cantárida puede provocar graves episodios de congestión, que es lo que le pasó al rey cuando en 1516, con 64 años "en la espalda" y de camino al monasterio de Guadalupe, hizo una parada en Madrigalejo y tomó, "para satisfacer a la fogosa Germana", una "sobredosis" de este insecto que le provocó una hemorragia cerebral mortal.

También inusual es la historia de María Cristina de Parma, la cuarta esposa de Fernando VII, a pesar de que era su sobrina, y que "aguantó dignamente" los cuatro años de matrimonio, durante los que tuvo dos hijas -Isabel II y Luisa-, con "un sujeto de repulsivo físico" que solo "yacía con ella con lujuria de animal y no con amor de esposo".

Murió él, y ella, a los tres meses, se rindió a la pasión que despertaba en el soldado del cuerpo de Guardias de Corps Agustín Fernando Muñoz. Los amantes contrajeron matrimonio secreto pero ella continuó de regente viuda hasta que Isabel II, con 13 años, fue proclamada reina. Hasta entonces, María Cristina combinó la regencia con los embarazos, sin que pasaran desapercibidos en los mentideros: "Lloraban los liberales que la Reina no paría, ¡y ha parido más Muñoces que liberales había", decían las coplillas de aquella época.

"Esos escándalos serían hoy impensables porque la vida ha cambiado mucho, fundamentalmente gracias al mayor avance en la sexualidad: la contracepción, que ha permitido desligar reproducción de sexo", afirma el autor del libro.

De todo un poco.

Arana pide "indulgencia y respeto" para casi todos los protagonistas de su obra porque, para algunos, como el general Serrano, "un sinvergüenza que violó a Isabel II cuando era aún una niña", guarda el mayor de sus desprecios. También tienen su espacio los "polvos" que desembocaron en hijos siempre cuestionados porque a su padre se les atribuía impotencia, caso de Enrique IV, y en "ilegítimos", entre los que el autor, "en un atrevimiento impertinente pero sugestivo", incluye a Alfonso XII.

"Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía", dicen que dijo Isabel II, titular de una "agitada vida sexual", a su vástago. Arana, autor de la novela El telón de terciopelo, que acaba de editar Gran Guiñol, dedica a Alfonso XII y Alfonso XIII un capítulo con el título Las aficiones teatrales de los Alfonsos para referirse a las relaciones que tuvo el primero con Elena Sanz, con la que tuvo cuatro hijos, y el segundo con Carmen Ruiz Moragas, madre de Leandro de Borbón.

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