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Permisos parentales

Un informe reciente sobre la desigualdad entre sexos (Goldman Sachs) concluía que si el empleo femenino igualase al masculino el PIB español podría aumentar un 19%. El italiano lo haría un 21%, un 16% el japonés, un 13% el de los países del euro, un 9% el de EEUU, Alemania y Francia, un 8% el de el Reino Unido, un 5% el de Dinamarca y un 3% el de Suecia.

el 15 sep 2009 / 02:02 h.

Un informe reciente sobre la desigualdad entre sexos (Goldman Sachs) concluía que si el empleo femenino igualase al masculino el PIB español podría aumentar un 19%. El italiano lo haría un 21%, un 16% el japonés, un 13% el de los países del euro, un 9% el de EEUU, Alemania y Francia, un 8% el de el Reino Unido, un 5% el de Dinamarca y un 3% el de Suecia. Las cifras son muy llamativas, por más que no sea un descubrimiento revolucionario afirmar que si aumenta la población activa aumenta paralelamente el ritmo económico. Ocurre simplemente que a la hora de defender las políticas de igual acceso de la mujer al mercado laboral acostumbramos a tirar de argumentos de equidad, cuando hay muchas otras justificaciones. Por ejemplo, España, en realidad el conjunto de Europa, se ve amenazada por lo que se cataloga de una "crisis de cuidados". Esto es, contamos con una población cada vez más envejecida y dependiente y menos personas en edad de cuidar. Por no hablar de la ardua sostenibilidad futura del sistema de pensiones por el alto ratio entre beneficiarios y cotizantes. El remedio natural de esta situación consiste esencialmente en el incremento de la decreciente tasa de fertilidad española. Recuperar las tasas de fecundidad a niveles aceptables implica que muchas mujeres tomen la decisión de tener descendencia. Las llamadas políticas de conciliación buscan, con menor o mayor fortuna, que las mujeres puedan compatibilizar trabajo asalariado y maternidad o cuidado, dejando sin embargo un punto ciego en su planteamiento: el desaprovechamiento del potencial cuidador de los hombres.

Veamos. Hasta hoy los instrumentos básicos para alcanzar la meta de la conciliación familiar se plasman básicamente en tres tipos de medidas: los permisos por nacimiento, los servicios públicos y las asignaciones monetarias para el cuidado de las personas dependientes. Centrando nuestra atención en los primeros, a nivel europeo, nos encontramos cinco tipos de permisos: permisos de maternidad, de paternidad, parentales, de reducción o flexibilización de la jornada y permisos por motivos familiares urgentes. Si bien estos permisos se contemplan como una medida de estímulo de la igualdad y la corresponsabilidad la verdad es que en todos los países son las mujeres las que disfrutan, casi en exclusiva, de estos permisos.

Como han demostrado María Pazos y Carmen Castro en un reciente estudio, esta acumulación de permisos en las mujeres tiene un efecto perverso sobre la división del trabajo entre sexos, en la medida en que alejan a las mujeres del mercado de trabajo y aumentan la segregación y la brecha salarial, que, precisamente, estamos tratando de cerrar incluso con medidas como estas.

En otros países tratan de evitar este efecto estableciendo permisos intransferibles para los hombres (es el caso de España), pero su duración es aún corta. Las autoras apuestan por esto y también defienden los permisos deben pagarse a una tasa de reemplazo del salario cercana al 100% y, por último, no deben ser muy largos. El objetivo a lograr es la igualdad total en el tiempo de ausencia del puesto de trabajo entre hombres y mujeres, una de las causantes estructurales de la discriminación femenina en el trabajo.

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

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