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Perspectiva: incertidumbre

La economía de la OCDE se encuentra en mitad de la recesión más profunda y amplia que se haya visto en más de 50 años". Así comienza el informe provisional de perspectivas de la OCDE conocido un par de días antes de la reunión del G-20. A la par que se documenta este diagnóstico tan contundente...

el 16 sep 2009 / 01:12 h.

La economía de la OCDE se encuentra en mitad de la recesión más profunda y amplia que se haya visto en más de 50 años". Así comienza el informe provisional de perspectivas de la OCDE conocido un par de días antes de la reunión del G-20. A la par que se documenta este diagnóstico tan contundente como poco sorprendente a estas alturas, el informe está atravesado por una fuerte carga normativa, discutiendo y recomendando a tutiplén medidas anticrisis, y, por supuesto, ofrece sus previsiones.

Esta última parte es la más prescindible de todas, pero no hay think tank que a día de hoy no coloque en primer plano sus proyecciones futuras, las cuales, más por inercia que por confianza en su validez (como los horóscopos en los periódicos), siempre acaban abriéndose un hueco en las noticias. Esto es especialmente desafortunado en medio del enorme desaguisado económico presente, del que, por lo mismo que todavía no se ha hecho un análisis fiable (de, por ejemplo, las causas de la incertidumbre o de la eficacia de las actuales o posibles medidas adoptadas o a adoptar), cualquier pronóstico que se haga está deslegitimado de partida.

Tal vez lo más interesante sea el panorama que traza de la intensidad y práctica simultaneidad de la crisis a lo largo de continentes y naciones a partir de su núcleo, ese fuego aún no apagado de la semibancarrota de las instituciones financieras estadounidenses y europeas. Los efectos de contracción del crédito que se ha seguido de ello amenazan con dañar a la economía real y crear, de tal modo, un círculo vicioso depresivo (más morosidad y mayor caída en las cotizaciones). Una restricción de liquidez que, por razón del retardo entre los cambios en las condiciones financieras y su traslado al PIB (entre 12 y 18 meses), aún está por hacerse notar, dado que la fase más aguda comenzó en la segunda parte de 2008.

La misma incertidumbre es la responsable de la rápida y trágica transformación y traslado de la crisis financiera europea y estadounidense, en forma de desplome del comercio mundial (caída del 20% en el pasado semestre), a las economías de los países cuyo sistema financiero sí estaba relativamente sano y que dependen fuertemente de las exportaciones de manufacturas.

La contracción del sector inmobiliario a nivel mundial también es un hecho que en España conocemos bien. La caída de su valoración, sin embargo, sólo es susceptible de afectar sustancialmente al consumo de las familias allí donde las hipotecas tendían a financiarlo de forma generalizada.

Los efectos de crecimiento del desempleo conocidos y las malas previsiones han provocado una caída en la confianza, en todos y cada uno de los países de la OCDE, que está aminorando con fuerza el consumo. El menor crecimiento o congelación de los precios a partir de todo lo anterior es un hecho, pero sin perder de vista que la inflación subyacente no retrocede en la misma medida.

Y si el gran problema es la incertidumbre, las únicas soluciones válidas deben ser respuestas sistemáticas, claras y creíbles, que eviten el estar paralizados mirándose con el rabillo del ojo e intentando adivinar la reacción del otro y de los diferentes actores: banca privada (a la que se ha dado, con las medidas de salvamento de finales de 2008, razones para creer que no se les va a dejar caer), gobiernos, inversores y consumidores.

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

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