Cultura

"Pertenezco por igual a Sevilla y a Málaga, para mí son papá y mamá"

Antonio de la Torre vuelve a hacer doblete, por segundo año consecutivo, en los Goya: opta al premio al Mejor actor por ‘Caníbal’ y a Mejor intérprete de reparto por ‘La gran familia española’.

el 06 feb 2014 / 22:35 h.

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Antonio de la Torre, más cerca del segundo Goya de su exitosa carrera profesional. / J.M.Paisano Antonio de la Torre, más cerca del segundo Goya de su exitosa carrera profesional. / J.M.Paisano Antonio de la Torre ha vuelto a hacerlo. Por segundo año consecutivo se ha colado en la ceremonia de los Goya con dos nominaciones. Una, al Mejor actor por Caníbal, y otra al Mejor intérprete de reparto por su papel en La gran familia española. Después de siete candidaturas en toda su carrera –ganó la estatuilla con la primera, con AzulOscuroCasiNegro– está tan abonado a la gran noche del cine español que el próximo domingo tal vez sea el más tranquilo de los presentes. «Supongo que es algo que nunca vuelves a vivir como la primera vez», dice. «De hecho, cuando fui nominado por AzulOscuroCasiNegro pensé que nunca volvería a pasarme algo así, y hasta me llevé el diploma para enseñárselo algún día a mis nietos. Si alguien me llega a decir lo que pasaría en los años sucesivos, me habría parecido un chiste. Ahora recibo todo esto con alegría, valorándolo, pensando qué bien, otra vez aquí y con dos candidaturas». De las cinco ocasiones anteriores ha aprendido, dice, «a concentrarme cuando llega el momento, para que no pongas cara de boniato si gana otro. Esta vez no llevo papel ni nada, si me lo dan espero no deslizarme demasiado», agrega el actor, preparado para una noche «socialmente muy intensa, de muchas palmadas en la espalda». Para De la Torre, lo del protagonista y lo del reparto son la misma cosa: «No somos secundarios ni nada, básicamente somos actores, a veces tenemos un papel con más recorrido, otras hacemos televisión en lugar de cine, pero nuestro trabajo es el que es», afirma. Respecto a los filmes con los que concurre a los premios de este año, el artista recuerda que al reparto de Caníbal accedió a través de una prueba, «y cuando me llamaron me di cuenta de que era demasiado tarde para preguntarme dónde me había metido», bromea. Donde se  metió fue en la piel de un sastre aficionado a comer carne humana, pero evitó visionar películas gore del tipo Holocausto caníbal. «Manolo [Martín Cuenca, director] me dijo que me olvidara de todo eso y que tratara de afrontar el personaje desde la normalidad. La preparación de verdad fue la de aprender a ser un sastre, para lo cual me ayudó mucho durante dos meses un sastre de verdad, Octavio Hernández», recuerda. Pan comido para un actor que ha sido capaz de engordar 30 kilos para defender un personaje –hablamos del filme Gordos–, o dar vida a los seres más dispares. «Eso es lo bueno de esta profesión, nunca sabes qué es lo próximo, dónde estará el más difícil todavía». Si queda alguna duda al respecto, no hay más que ver la diferencia entre Caníbal y La gran familia española, la comedia de Daniel Sánchez Arévalo. «Daniel y yo somos como hermanos, y aunque no tuve tanto tiempo para rodar con él, estoy muy contento de estar ahí , a pesar de que en esa categoría no tengo tantas opciones». Malagueño de 1968, no cree que la etiqueta actor sevillano sea una apropiación del todo indebida: «Para mí son papá y mamá, pertenezco por igual a ambas ciudades. Málaga me parió, Sevilla me acogió como a un hijo. Me siento de las dos». Lo único de lo que no quiere oír hablar Antonio de la Torre es de aquello de actor de moda,  «porque lo siguiente es pasar de moda. De todos modos, entiendo que son rachas, como la vida misma, y lo único que puede hacer uno es seguir trabajando con humildad, como hasta ahora». Periodista de formación, De la Torre es consciente de que tanto ese sector como el del cine pasan momemtos difíciles, «pero más me preocupa la crisis de valores de este país. Los 11.000 empleos que se han perdido en el periodismo español deberían hacernos creer que una sociedad desinformada e inculta es una sociedad manipulable, y ése es el primer paso para el totalitarismo». Si alguien le dice que no ve cine español, él responde que «es una pena, porque se pierde películas de mucha calidad, y puede que esa persona pueda verse reflejada en alguna». De hecho, aunque ha hecho sus pinitos en el cine europeo –y pronto viajará a Australia para un nuevo filme–, se siente muy a gusto en el celuloide patrio, y Hollywwod le pilla muy a trasmano: «Hablo inglés como para hacer papeles de latino, pero más allá de eso son palabras mayores. No me lo planteo». Por último, cuando se le pregunta si esto del cine era como lo imaginaba cuando iba los fines de semana a Madrid para formarse como actor, se muestra rotundo: «La vida ha sido muy generosa conmigo.Me ha dado mucho más de lo que esperaba», apostilla.

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