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Pescadores de esperanzas hundidas

Como si de un barco se tratara, Barbate siempre ha mirado hacia el mar, su mejor aliado y su principal enemigo. La crisis en el sector pesquero ha hecho tambalear la forma de vida de todo un pueblo que ahogó desde hace tiempo sus ilusiones en el océano.

el 15 sep 2009 / 00:38 h.

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Como si de un barco se tratara, Barbate siempre ha mirado hacia el mar, su mejor aliado y su principal enemigo. La crisis en el sector pesquero ha hecho tambalear la forma de vida de todo un pueblo que ahogó desde hace tiempo sus ilusiones en el océano.

La tradición marinera ha sido durante años la causa de una bonanza económica que, en la actualidad, no es más que un recuerdo para esta localidad de casi 23.000 habitantes. Sus ciudadanos se enfrentan a las próximas elecciones generales y autonómicas con escepticismo. Desde la voz que les da la experiencia, los ancianos comentan cada día en la Delegación del Mayor la situación en la que se encuentra su ciudad. Consideran que el pueblo está "hipotecado" por el emplazamiento militar en la sierra del Retín y por los límites para desarrollar la infraestructura turística que supone el Parque Natural del Estrecho.

"El pueblo está abandonado. Ha dado un cambio para abajo", afirma Juan Reyes, un barbateño de 83 años. Llevan años esperando a que las urnas puedan cambiar su futuro, a que las administraciones pongan en marcha proyectos para crear nuevos puestos de trabajo y dar a la juventud una respuesta a un futuro vacío de opciones. Estas expectativas que crearon en anteriores campañas electorales permanecen actualmente hundidas en lo más profundo de un océano de esperanzas. Los políticos intentan pescar, con sus mensajes como cebo, esas ilusiones perdidas que, aun así, quieren salir a flote.

Y es que 2007 fue un año negro para Barbate. En el mes de septiembre se produjo la tragedia del naufragio del Nuevo Pepita Aurora en el que cinco personas murieron, tres desaparecieron y otras ocho consiguieron sobrevivir.

"yo volví a nacer". José Crespo, uno de los supervivientes del drama, espera que el futuro gobierno "busque alternativas porque el pueblo no puede depender sólo del mar". Desde el accidente tiene más claro que nunca que sus dos hijos, de 18 y 22 años, no deben seguir sus pasos como marinero. Él tampoco volverá al mar. Como el resto de compañeros que salvaron su vida, será recolocado por la Junta de Andalucía en una empresa almadrabera.

"Me da miedo embarcar. Sólo el hecho de acercarme al muelle me hace temblar", señala Crespo, quien durante meses, en los que ha estado en tratamiento psicológico, ha tenido pesadillas en las que reproduce una y otra vez el hundimiento del cerquero. El pescador recuerda como si fuera ayer el momento en el que dio "la voz de alarma" poco antes de que en medio del temporal el barco se diera la vuelta.

La decisión de salir de la burbuja de aire que creó la estructura condicionó su destino. "Me sumergí y salí de allí porque pensé que si me ahogaba al menos que me cogieran arriba", explicó. Aunque confiesa que en esos momentos pensó que jamás volvería a ver a su familia, este náufrago barbateño, que apenas sabe nadar, logró aguantar el embate de las olas con un salvavidas que le lanzó el patrón hasta que fueron rescatados. "Yo volví a nacer", apostilla. Ese trágico día no subió al Nuevo Pepita Aurora uno de los pescadores del grupo, Tomás Pacheco. Una desgracia en tierra, un accidente de moto, le salvó de algo mucho peor. Perdió a ocho compañeros de faena y se considera uno de los supervivientes, por lo que también se le proporcionará un trabajo en tierra después de 25 años navegando. "Tres de mis buenos amigos están desaparecidos y soy incapaz de volver al mar".

Los marineros del Nuevo Pepita Aurora sufrieron el terrible accidente cuando volvían de Marruecos. Seguían intentando sacar rentabilidad del caladero marroquí a pesar de la escasez de boquerones.

Los parcos beneficios del regreso de la flota barbateña a aguas del reino alauita han sido una de las grandes decepciones de la población, que había puesto grandes expectativas en este acuerdo entre la Unión Europea y Marruecos. "El balance es negativo. Nos hemos dado cuenta que no responde a lo que se creía", indica el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Barbate, José Manuel Martínez, quien explica que no habrá conclusiones definitivas hasta que la comisión mixta no determine si finalmente los pescadores pueden utilizar o no las luces sin los límites espaciales que se les impone actualmente. "Es como si te dieran un coche y te faltara el volante. Tú no puedes dirigirlo", subraya.

A la falta de capturas el sector pesquero suma el problema del alto precio del gasoil, que provoca en muchas ocasiones que los gastos superen a los beneficios. Frente al más de un centenar de barcos pesqueros que faenaban en los años sesenta, actualmente sólo 29 se dedican a estas labores.

Aunque sabe que la pesca ya no puede ser la pata en la que se sostenga la economía municipal, el patrón mayor considera que esta profesión necesita del amparo de los nuevos gobiernos central y autonómico que se formen. "Deben apoyar a las empresas armadoras porque estamos en un momento de crisis y debido a la falta de dinero se están retirando y con ellas los puestos de trabajo", advierte.

Toda la población es consciente de que, como un pez atrapado en la red, Barbate agoniza y reclama a gritos una diversificación económica. "Se dan subvenciones a la Bahía, pero a esta zona siempre la dejan atrás. Esperamos que alguien se fije y nos pongan las infraestructuras necesarias", asegura Manuel Saval, el presidente de la Asociación de Comerciantes, quien recuerda con melancolía aquellos años en los que gracias a la pesca Barbate era "la envidia de la Janda".

Ahora los más jóvenes se ven obligados a emigrar a otros municipios de la comarca en busca de empleo. Tampoco encuentran en la ciudad oferta de ocio y algunos de ellos, ante la falta de alternativa laboral, encuentran dinero fácil colaborando en alijos de droga, aunque éste es un sambenito del que sus habitantes se quieren deshacer. Hijos, padres y nietos esperan que por fin los políticos hagan llevar a buen puerto los sueños que, en otras ocasiones, han sido arrastrados por las olas hasta el fondo del mar.

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