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Petróleo

Quien se tome la molestia de mirar un periódico, cualquier periódico, de hace un año es muy probable que encuentre en el alguna noticia deplorando las continuas y alarmantes subidas del precio del petróleo. Si creíamos entonces que aquello era la causa de buena parte de las amenazas al bienestar económico, deberíamos congratularnos ahora porque las tornas han cambiado a toda velocidad...

el 16 sep 2009 / 01:31 h.

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Quien se tome la molestia de mirar un periódico, cualquier periódico, de hace un año es muy probable que encuentre en el alguna noticia deplorando las continuas y alarmantes subidas del precio del petróleo. Si creíamos entonces que aquello era la causa de buena parte de las amenazas al bienestar económico, deberíamos congratularnos ahora porque las tornas han cambiado a toda velocidad.

Como no veo por ningún lado felicitaciones a la altura de aquellas alarmas y rasgarse de vestiduras (al contrario, ahora se dice que lo grave es, justamente, el efecto deflacionario), debo concluir que la fluctuación de los precios del crudo, y de las materias primas en general, es una cuestión compleja que, tal vez por ello, se presta en exceso al amarillismo.

El vaivén sufrido por los precios del crudo (de 146 a 46 dólares en seis meses) se debe, por un lado, fundamentalmente al acelerado deterioro de la economía mundial con una caída de la demanda de materias primas que, en consecuencia, han visto rebajados drásticamente sus precios. Por otro lado, al estar hinchados por causa de inversiones fuertemente especulativas y apalancadas, muy sesgadas hacia los mercados de futuros, y que han sido las primeras en verse paradas en seco por la restricción crediticia.

Desde luego, parece claro que, visto desde dentro de la recesión económica mundial, este frenazo y marcha atrás está convirtiéndose en un alivio para la caída de la renta y riqueza reales de las familias, al tiempo que significa un recorte de costes para las empresas. Del mismo modo, está ayudando a corregir el saldo energético de los países importadores. Este rasgo convierte la actual crisis global en muy diferente de la conocida en la década de 1970, con elevados niveles de inflación.

Y es que, como pormenorizaba un trabajo de investigación incluido en el boletín de marzo del Banco de España (Una aproximación al impacto del precio del petróleo sobre la economía española y la de la zona del euro), los efectos del crudo sobre las economías industrializadas han sufrido un cambio estructural debido a factores como la mayor eficiencia energética, la fijación de precios a nivel globalizado, y una política monetaria mucho más precisa.

¿Cuáles son, pues, los efectos esperables de los cambios en el precio del petróleo sobre la economía española, según el trabajo citado? La transmisión de estas fluctuaciones a la inflación discurre por distintas vías. En primer lugar, los efectos directos o de corto plazo indican que los cambios en el precio del crudo se trasladan a los precios de sus derivados (carburantes y combustibles de calefacción) incidiendo sobre el coste de la cesta de la compra. Esta transmisión, generalmente muy rápida, afecta más al IPC cuanto mayor es la proporción del gasto de las familias en estos productos. Al ser en España esta proporción mayor que en la media de la Eurozona, las variaciones afectan en mayor medida a la inflación observada. Esta mayor sensibilidad tiene otra causa: la menor fiscalidad del petróleo.

En otro plano, los efectos indirectos, inducidos por las variaciones de los costes marginales de las empresas y mayores para quienes son más intensivos en el uso del petróleo o derivados. Su transmisión al nivel general de precios es más lenta y depende de otros factores, básicamente la situación cíclica de la economía, las expectativas sobre la evolución futura y el grado de competencia. En resumen puede decirse que estos efectos a medio y largo plazo sobre las variables macroeconómicas son, en primer lugar, más suaves, afectando en mayor medida a la inflación que al PIB y, en segundo lugar, tienden a acercarse en magnitud entre España y la Eurozona.

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

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