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Photoshop al rescate del Barroco

Enrique Valdivieso recupera virtualmente las obras saqueadas durante los siglos XIX y XX.

el 15 jul 2012 / 21:10 h.

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Sevilla sería hoy la capital europea de la pintura, como lo son en esta y otras disciplinas Florencia y Roma, de no haber perdido la mitad de su patrimonio artístico en episodios históricos como la Guerra de la Independencia, la Desamortización de Mendizábal, la Revolución de 1868 o la Guerra Civil, funestos periodos en los que se arrancaron los lienzos de sus lugares de origen para acabar siendo exportados, robados, vendidos ilegalmente e incluso destruidos. Durante los siglos XIX y XX se expolió la riqueza patrimonial de esta ciudad: se saquearon templos, se tiraron conventos, se derrumbaron las murallas de la capital... el arte no se contemplaba como un motor de riqueza como ocurre ahora, gracias al turismo.

Recuperar todo aquello es ya imposible. Cientos de obras de grandes maestros como Murillo, Herrera el Viejo, Roelas, Valdés Leal, Zurbarán, Cano, Varela, Francisco Pacheco, Martínez Montañés o Pedro de Campaña acabaron diseminadas por medio mundo. Sin embargo, no todo está perdido.

El catedrático de Historia del Arte Enrique Valdivieso, junto a Gonzalo Martínez del Valle, se han aliado con las nuevas tecnologías, concretamente con el programa de tratamiento de fotos Photoshop, para recrear lo más fehacientemente posible cómo eran aquellos retablos y conjuntos pictóricos que fueron expoliados, entre otros, por las tropas napoleónicas.

El Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla acaba de sacar a la luz Recuperación visual del patrimonio perdido, un volumen que reúne más de cien láminas en las que se puede contemplar cómo serían la ciudad, sus conventos y sus iglesias de no haber desaparecido todo aquel rico legado.

Enrique Valdivieso explica a este periódico que durante años ha usado Photoshop para recrear piezas del patrimonio sevillano desaparecidas para sus distintos trabajos de investigación, una técnica que ha ido perfeccionando hasta que decidió, junto a su compañero Martínez del Valle, emplearla para hacer un completo recorrido por la historia del despojo de obras sevillanas. A lo largo de 101 láminas este libro "recompone lo perdido" devolviendo a su lugar los lienzos robados.

"Estas pinturas eran a veces arrancadas de sus retablos, que quedaban desnudos. Entonces, en el 30% de los casos, había monjitas que se dedicaban a rellenar con cuadros viejos y sin valor los huecos que quedaban, mientras que en el 70% restante, los retablos fueron destruidos por los sacristanes, que los usaban como leña para calentarse en invierno", relata el autor.

Esto ha obligado a realizar un doble trabajo a estos investigadores. Por una parte, buscar los cuadros originales y, mediante este programa informático, recolocarlos virtualmente en sus ubicaciones primitivas. Por otra, reconstruir a través del ordenador los retablos que ya no se conservan.

Para ello, han desempeñado una ardua labor de documentación histórica. Valdivieso y Martínez del Valle recuperaron las descripciones de estas estructuras gracias a testimonios recogidos por escrito de la época y a los contratos con los que se encargaban estos conjuntos, donde se detalla con pormenores su aspecto. También localizaron algunos retratos y fotografías de varios templos sevillanos.

Una vez atesoraron toda la información, reconstruyeron virtualmente estos soportes empleando un banco de imágenes de retablos y marcos de la época, por lo que advierten de que su trabajo es una aproximación histórica a la realidad, no una reproducción exacta. También han reconstruido sacristías, bibliotecas, claustros o refectorios donde las pinturas estuvieron instaladas.

Todo esta empresa, que les ha ocupado más de mil horas durante dos años, define al lector el infame expolio que padeció Sevilla en los últimos siglos y descubre cómo obispos y párrocos tenían la mala costumbre de arremeter contra lo que consideraban antiguo, sustituyéndolo por obras de menor valor.

Este trabajo devuelve, por ejemplo, la pintura de la Sagrada Cena, de Alonso Vázquez -hoy en el Bellas Artes hispalense-, al refectorio del Monasterio de Santa María de las Cuevas. Las paredes del Claustro Grande de la Merced Calzada recuperan lienzos de Alonso Vázquez y Francisco Pacheco, que hoy descansan en Sevilla o Barcelona, así como los cuadros de Zurbarán que vestían sus muros, ahora en diversos paraderos.

El convento de Monte-Sión vuelve a lucir las pinturas del retablo mayor de su iglesia, de Juan del Castillo. Y sin Photoshop de por medio, se rescata una fotografía del imponente -y destruido- retablo mayor de la Iglesia de San Julián, obra de Felipe de Ribas y Pablo Legot.

Más que curioso resulta ver en los muros de la Iglesia de San Hermenegildo la obra Francisco Herrera La Apoteosis de San Hermenegildo, que hoy se encuentra en la pinacoteca hispalense.

Valdivieso devuelve también a Santa María la Blanca una de las aventuras pictóricas más importantes de Murillo, realizada cuando se concluyó la transformación de su antigua sinagoga en templo barroco. El pintor decoró la nave principal y los dos testeros con varias pinturas que fueron robadas por los franceses durante la Guerra de la Independencia de 1810._Dos fueron devueltas, pero se quedaron en El Prado. Las otras dos descansan en el Louvre de París.

Pero este volumen no sólo permite conocer el interior de templos, sino que regala varias estampas del pasado urbanístico de la ciudad. Sobre una fotografía de la fachada norte de la iglesia del Sagrario de la Catedral, con la antigua calle Génova de fondo -que se convertiría en la actual avenida de la Constitución tras demoler parte de las casas que la ocupaban-, Valdivieso sitúa las tres pinturas que Valdés Leal realizó en 1662 para los huecos de esta fachada, que hoy en día permanecen vacíos. Estas obras desaparecieron con el paso del tiempo, ya que estaban expuestas a la intemperie. El libro subraya la especial conmoción anímica que debía producir su contemplación nocturna, iluminadas por los faroles.

Del mismo modo, este trabajo recupera una imagen del patio de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, de la que se conservan los arcos en la actual Facultad de Bellas Artes, y sitúa en ellos una serie de obras de Valdés Leal que hoy descansan en el museo sevillano.

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