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Pide por esa boquita

Una pista de ‘parkour', un taller de pintura africana, clases de tango o unos columpios para los niños. Bienvenido a los presupuestos participativos.

el 06 jun 2010 / 18:31 h.

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El parkour es el arte del desplazamiento.
"Todo para el pueblo pero sin el pueblo" rezaba una máxima del despotismo ilustrado. Imaginamos que una iniciativa como los presupuestos participativos hubiera puesto los pelos como escarpia a los adalides de aquellas teorías. El Ayuntamiento de Sevilla los puso en marcha hace cuatro años y las asambleas del presente curso han finalizado hace sólo unas semanas.

A la espera de conocer los resultados de las propuestas más votadas -que habrán de ser llevadas a cabo por el gobierno municipal- un vistazo a las casi 200 realizadas permite obtener una idea cabal de las iniciativas, algunas mesuradas y juiciosas, muchas caprichosas e incluso otras rematadamente excéntricas que pasan por la cabeza de los vecinos de esta noble villa.

Hay quien dice que aquí, en Híspalis, todo lo que no huela a Semana Santa o a Feria tiene escaso refrendo público. No será desde luego por falta de temas por votar. Desde un festival de cine colombiano a una pista de parkour, pasando por un certamen de música mingatrón (¿?) a otro para aprender a bailar la capoeira angoleña (!). No son propuestas disparatadas, son ni más ni menos que algunas de las que han sido votadas en los últimos presupuestos participativos.

Enrique Melado es uno de los proponentes con más iniciativas en marcha. Vive en La Corza y sus deseos van de la celebración en el distrito de un encuentro de poetas bálticos a una jornada para incentivar los huertos urbanos. Desde luego que los hay más tradicionales, como María Dolores Moreno, que optó por salir a la palestra para defender, de viva voz, la necesidad de un festival dedicado al arte de La Argentinita y Pastora Imperio, vamos, a la copla.

No menos verdad es que una buena mayoría de quienes se suman a esta aproximación del control presupuestario lo hacen con el sano empeño de instar al consistorio a que apañe unos banquitos en la calle Venecia, instale unos columpios en San Jacinto o ponga unos cuantos parches al acerado de José María de Mena. Ahí la lucha es encarnizada. Porque cada barrio tiene su asamblea de presupuestos y cada vecino considera que la reparación de tal o cual desperfecto de su calle debería ser considerado poco menos que asunto de estado.

La lucha -dialéctica, se entiende- es encarnizada y cada reunión supone en sí misma una suerte de micromundo de vecinos (el rico, el pobre y el que está en medio), de curiosos y de chavales que prueban suerte a ver si cuela por mayoría la reivindicación de que una pistita para hacer skateboard o un local para ensayar inofensivo heavy-metal pueden ser acicates magníficos para el renacer cultural del Fontanal o Las Naciones. Hasta hay quien se ve capaz de sacar los dientes por ver su sueño hecho realidad: un concurso de ladridos caninos. Todo sea con tal de tener candidato eurovisivo en 2011.

Luego están los imposibles. Personas con más voluntad que un santo y que claman por actuaciones que a nadie más que a ellos parecen interesarle. Presentación Biedma aporto por tercera vez consecutiva la propuesta de instalar una carpa en en San Pablo para hacer un Festival de Jotas -una vez al año, eso sí- e Ignacio Sánchez proponía el más difícil todavía, un taller para aprender a bailar el aurresku en el distrito, txistu incluido -aunque sin lehéndakari, no vayamos a politizar el asunto-. Ni que decir tiene que, aunque el voto es secreto, en el enunciado público de estas iniciativas la cara del respetable se tornó con símbolo de interrogante y pasaron al siguiente nominado.

En resumidas cuentas, si por su barrio ve aparecer mañana un desfile de autocaravanas Volkswagen tuneadas a lo hippie o le ofertan alistarse en un taller para diseñar impermeables para niños échele la culpa a los presupuestos participativos. En los próximos lo mejor será que usted se apunte. Seguro que siempre deseó aprender suajili. Si se lo propone y hace campaña, el Ayuntamiento puede hacer su deseo realidad.

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