Cultura

Pierre-Laurent Aimard:"Me han tachado de ‘outsider’ por tocar un repertorio contemporáneo"

el 21 oct 2010 / 20:24 h.

Aimard, en una pose reflexiva junto a su preciado piano, con el que se siente libre.
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-¿Le molesta que algunos le vinculen casi exclusivamente con la música de nuestro tiempo?

-Nada me molesta siempre que pueda practicar la música como yo quiero: con mi libertad y mi independencia, descubriendo cosas siempre y creyendo que una verdadera exigencia es la única garantía de calidad. A cada uno le ponen una etiqueta: actual, francés, conservador, excéntrico... Los seres humanos, gracias a Dios, son mucho más complejos y mucho más ricos que esas clasificaciones simplificadoras. Desde siempre yo he vivido con músicas de diferentes épocas, y las he interpretado.

No sólo he interpretado un repertorio comprendido entre Chopin y Rachmaninov, como tampoco sólo he interpretado un repertorio contemporáneo, algo que considero normal e indispensable. Pero por ello he sido clasificado como un outsider mientras que, desde mi punto de vista, es el hecho de no tocar esa música lo que es anormal, aunque sea lo más frecuente. Pero bueno, le diré que mi objetivo es practicar un arte con total independencia, proponer una manifestación a la sociedad. Le toca a ella decidir si lo acepta o no.

-Ante un recital como el que ofrecerá en Sevilla y Madrid, ¿le preocupa pensar que gran parte del público pueda no entender las múltiples conexiones que unen todas las obras expuestas sobre el piano?

-Tengo una confianza entusiasta en la curiosidad y en el deseo artístico de un público que cree en la música y emplea su tiempo en ella. Cuando todo el mundo se lamenta, con razón, de lo pobre que es la educación artística en el conjunto de nuestros países occidentales, una microsociedad como la que se reúne en una sala de conciertos para escuchar y compartir el proyecto, la visión de un artista, es un estímulo maravilloso. Eso me devuelve la fe en la humanidad.

Yo intento construir unos programas que puedan implicar a los neófitos tanto como a los expertos. La finalidad no es pues que cada uno se agarre a todas las redes de referencia que dan pujanza y riqueza a un programa, sino que cada uno sienta que la relación entre las obras es superior a la suma de éstas. Está en cada uno sentir (o no) este enriquecimiento.

Y no creo que para comunicar mejor en la cultura haya que bajar el nivel, sino todo lo contrario. Sólo hay que encontrar un denominador común que permita hablarle a todos, en el sentido de una elevación, cualquiera que sea su nivel de educación. Para mí, la mejor comunicación no pasa por la demagogia ni por el populismo cultural;_es la creatividad la que permite una mejor comunicación con todos.

-Desde Stroppa a Liszt, pasando por Messiaen y Ravel, ¿cómo definiría las diferentes visiones de los pájaros que dan cada uno de estos compositores?

-Los pájaros constituyen uno de los temas de este programa. El mito del hombre-pájaro inspira a Stroppa un nuevo tipo de textura pianística. Entre tierra y aire, su virtuosismo roza las fronteras acústicas de las resonancias del piano. Liszt, en su primera leyenda, La predicación de San Francisco, idealiza las vibraciones engendradas por los movimientos de las alas de los pájaros e inventa un nuevo instrumento. Messiaen, transcriptor del canto de los pájaros, los contextualiza, confiriéndoles un valor arquitectónico en sus frescos temporales (los Catálogos de los pájaros). En cuanto a los Pájaros tristes de Ravel, son muy estilizados y están envueltos en un ambiente armónico asfixiante.

Pero este programa que interpretaré mañana en el Teatro de la Maestranza confronta diferentes obras de Liszt con compositores dependientes de su herencia o que podrían depender de ella. Stroppa, en Tangata Manu, pone en perspectiva al Liszt creador de nuevas texturas. El universo de luz y de colores de Messiaen plantea una jornada en la naturaleza en su Traquet Stapazin, en contraste con la noche del Valle de Obermann, romántica prueba descrita por Sénancour que inspira a Liszt una página de meditación desesperada.

Les Cyprès à la Villa d'Este, que expresa la amargura de un Liszt envejecido, un espectro de sus amores difuntos, está en relación con una de las Elegías del joven Bartok, que desarrolla suntuosos ropajes de luto. Y finalmente, la espiritualidad preimpresionista de los Jeux d'Eau à la Villa d'Este nos introduce de forma natural en los tres Espejos de Ravel.

-Recientemente ha grabado junto con Pierre Boulez un disco monográfico sobre Ravel en Deutsche Grammophon. Boulez grabó esta misma música en el mismo sello  hace años con Zimerman. ¿Cómo definiría su acercamiento estético a la música de Ravel?

-Ravel es un compositor complejo. Cada nueva composición manifiesta un nuevo centro de interés -un género, una danza, un estilo-. Pero siempre su sentido del orden y su artesanía meticulosa le permiten integrar distintas tendencias, obligando al intérprete a realizar un riguroso trabajo de dosificación. Demasiado romántico, demasiado exótico, demasiado sabio... Son muchos los riesgos que pueden amenazar la magia del arte raveliano. El desafío consiste en captar la pasión y el vértigo ravelianos, traduciéndolos en un cuadro definido y exigente. En la interpretación raveliana, ser excesivo es tan nocivo como quedarse corto.

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