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Pies quietos

Ahora que hay por dónde pasear, la pregunta es si la gente está en condiciones para ese ‘transporte intermodal’ (primero un pie, luego el otro). Los pies: cuánto y cómo lavarlos, qué calzado ponerles y otros enigmas de la sostenibilidad.

el 16 feb 2011 / 21:37 h.

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Los pies son los eternos olvidados del cuerpo. Como están lejos de los ojos, se hacen impersonales, ajenos... Quizás también sea porque los tapan los calcetines y los cubren los zapatos y no se da uno cuenta de ellos hasta que llega el llamado buen tiempo. Pero a veces, antes de ese reencuentro, ya empiezan los picores, la aparición de hongos, la piel seca o cualquier otro síntoma alarmante que obliga a echarles cuenta. Considerando que no sólo sirven para caminar, sino que también son el sustento del cuerpo, lo que lo soporta, tal vez cabría tenerles más cariño. En especial para encontrarse con algo de mejor aspecto que dos morcillas de Burgos cuando llegue la Semana Santa (más cercana de lo que parece) y ante la invitación permanente de la ciudad a pasear por ella, ahora que cada vez se puede hacer por más sitios.  

Una correcta higiene de los pies es lo primero para poder lucir unos pies dignos de ese nombre y hasta de otro mejor. "Los pies deben lavarse a diario, preferentemente con un jabón neutro, teniendo especial cuidado en los espacios interdigitales (entre los dedos). El lavado debe realizarse con agua templada, ya que el agua demasiado caliente ablanda la piel y favorece la aparición de hongos. En caso de pies cansados o estropeados se puede añadir al agua unas sales relajantes o tonificantes, que los reconfortan y suavizan." Es lo que aconseja Jorge Barnés Andreu, el presidente del Colegio de Podólogos de Andalucía. También subraya la importancia de prestar una especial atención al secado de los pies, para que no quede humedad entre los dedos.  

Alguien que nunca se subió a unos tacones de vértigo debió inventar el dicho Para estar bella hay que sufrir. Las mujeres sufren cuatro veces más problemas en los pies que los hombres debido a los taconazos. La mala elección del calzado influye en la aparición de varios problemas de espalda, de rodillas y de cervicales que se resienten con el desequilibrio que el zapato produce en la postura corporal. Lo lógico es que el calzado se adapte a los pies y no a la inversa, por lo que un buen calzado sería el que respetara la fisiología de los pies, es decir que se adaptará tanto al largo como al ancho. "El calzado femenino no ha de ser completamente plano, el tacón debe ser ancho y no de más de tres centímetros de altura", explica Barnés Andreu, y añade que los calzados de puntera estrecha pueden deformar los dedos de los pies, porque no tienen suficiente espacio para colocarse. Se recomienda que sea lo más cómodo posible desde el primer día y de materiales transpirables y flexibles. Preferiblemente cerrados y acordonados, de tacón bajo, cómodo y bien ajustado al pie.

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