Cultura

Pilar, la última palabra

el 18 jun 2010 / 19:55 h.

La historia ha acabado, no habrá nada más que contar. En casa de José y de Pilar existe desde hace años una tradición: en el momento que Saramago termina una novela, su traductora, su mujer, llama a Juan Cruz para dictarle el final. Cosas entre ellos.

Caín, la última obra de José, acaba como empieza este artículo, añadiendo un poco más de dolor de corazón a la enorme orfandad en la que nos deja el Nobel, el defensor de los Derechos Humanos, el amigo.

Tal vez José sabía que esta vez la mano firme de su esposa no le iba a poder retener como cuando hace dos años también estuvo muy grave, y ya recuperado confesó: "Pilar no ha dejado que me muera".

Le quedaban por escribir, en apenas dos años, tres libros: El viaje del elefante, Los cuadernos y Caín. Faltaban cientos de artículos en el blog de la fundación, la última aventura de quien nunca desaprovechaba la ocasión de la palabra. Quedaban sobre todo, para este insaciable denunciante, muchos nombres que defender (Aminatu, Garzón, Mankell, los últimos), muchos invisibles a los que destapar, muchos verdugos a los que dar un rostro.

Saramago es el Nobel de Literatura, el primero en su lengua, pero lo hemos sentido como el más activo, feraz e incansable Nobel de los Derechos Humanos, el Nobel de los pobres, el Nobel de los que como su abuelo, el hombre que más le había enseñado de la vida, tal vez no sepan leer ni escribir.

Saramago es su obra en el sentido más literal y amplio del término: sus magníficas novelas, sus ensayos, sus poesías, su teatro, sus óperas, sus cuentos para niños y también los hospitales, las campañas, las ayudas, los cientos de causas que abrazó con su inteligencia, su corazón y su dinero.

Suele decir José que la vida le ha regalado mucho más de lo que había pedido pero que, sobre todo, además de una voz para hacerse oír, le había regalado a Pilar. "Pilar mi casa", le dedicó en uno de los libros; "Pilar me ha hecho más bueno", dijo en una de las muchas entrevistas que concedía indiscriminadamente. Y Pilar ha sido, estoy segura, la última palabra de su boca. El mejor final de la mejor de sus obras.

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