Cultura

Pletórico Perera en Castellón

El extremeño Miguel Ángel Perera arrasó ayer en el final de Castellón, cortando cuatro orejas y un rabo de dos ejemplares de Vegahermosa de juego muy distinto en una tarde marcada por la seguridad, firmeza, temple y valor del de la Puebla del Prior.

el 16 sep 2009 / 00:20 h.

El extremeño Miguel Ángel Perera arrasó ayer en el final de Castellón, cortando cuatro orejas y un rabo de dos ejemplares de Vegahermosa de juego muy distinto en una tarde marcada por la seguridad, firmeza, temple y valor del de la Puebla del Prior.

Su primero fue un ejemplar terciado, como toda la corrida, y noble, aunque con el fondo justo. Sin embargo, ha sido Perera quien, en base al temple y a la distancia ha conseguido protagonizar una labor de menos a más, que comenzó bien con un saludo templado de capote a pies juntos, un quite por tafalleras con ajuste y sin rectificar las zapatillas y una faena en la que la distancia fue la nota dominante.

Le dio sitio al de Vegahermosa en las primeras tandas por el pitón derecho y el toro se vino con alegría en todas ellas. Después le costó más repetir y fue Perera quien, tocando, dándole tiempo y templando el viaje consiguió prolongar las series.

Lo mejor llegó al natural, tras un desarme, en series largas y templadas, con muletazos de largo trazo, muy despaciosos. El final, entre los pitones, terminó de calentar a la gente, que tras una estocada desprendida y tendida, le premió con dos orejas.

El quinto fue un ejemplar complicado y muy incierto ya desde salida, donde lanzó derrotes y puso las cosas complicadas. Sin embargo, Perera estuvo muy bien con él, dándole distancias, desengañándole y obligándole a embestir. Siempre colocado en el sitio justo, la faena del extremeño fue un ejemplo de dominio y seguridad, aguantando parones y miradas del toro, al que le obligó a embestir por ambos pitones.

Llegó a sonar incluso un aviso cuando toreaba y cuando acortó distancias, lo que terminó por desatar la locura en el coso de Pérez Galdós, que tras una estocada y la demostración de seguridad y rotundidad, pidió con fuerza las dos orejas y el rabo.

Abrió plaza Rivera Ordóñez, que un primero manejable ha puesto ganas, ha banderillerado y después firmado una labor "marca de la casa", sin ajuste en ningún momento, ni mucha atención por el público tampoco. El cuarto fue un buen ejemplar que Rivera, preocupado por llegar al tendido, no aprovechó.

Cayetano cortó una oreja del sexto gracias a un espadazo. Éste era un toro violento, que derribó en el caballo y al que pegaron en varas. Lo acusó el toro, que se vino abajo, pero con el que Cayetano tiró de raza y temple en varios momentos de su faena. El espadazo puso en sus manos el trofeo.

Antes, Cayetano sorteó un tercero sin raza alguna, con el que, al igual que su hermano, planteó faena en los tendidos de sol. Sentado en el estribno inició su labor, aunque el toro se fue quedando corto y defendiéndose. Cayetano lo intentó aunque quedó descubierto en más de una ocasión, a punto de ser prendido en el remate de una serie por el pitón derecho.

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