Cultura

Poder de conmoción

Los seres humanos necesitamos sentirnos protegidos pero a veces la familia nos agrede. Es el punto de partida de esta obra dirigida por el argentino Claudio Tolcachir.

el 09 mar 2014 / 11:59 h.

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Lugar: Teatro Central, 8 de marzo Obra: Emilia **** Compañía: Producciones teatrales contemporáneas Texto y dirección: Claudio Tolcachir Intérpretes: Gloria Muñoz, Malena Alterio, Alfonso Lara, Daniel Grao y David Castillo. Los seres humanos necesitamos sentirnos protegidos y para ello solemos entablar lazos familiares. Pero a veces la familia nos agrede. Es el punto de partida de esta obra con la que el director argentino Claudio Tolcachir nos demuestra su capaz de conmocionar al espectador. La dramaturgia gira en torno a la historia de Emilia, que ella misma nos cuenta en primera persona mediante un magistral uso del tiempo de la narración. Para ello Tocachir sitúa desde el principio en escena a todos los personajes, aunque según nos informa la protagonista, todas esas figuras no están realmente allí, sino en su memoria. De ahí que Emilia nos cuente su historia mediante una suerte de saltos al pasado que remiten al flash back cinematográfico. En ese sentido cabe destacar la habilidad con la que el autor y director argentino cambia bruscamente del presente al pasado sirviéndose del texto y el trabajo actoral. Claro que para ello cuenta con un soberbio plantel de intérpretes que llevan a cabo un trabajo coral tan emotivo como impecable, en tanto que todos perfilan a sus personajes en función del otro. No podía ser de otra manera, ya que la historia se define como una madeja que poco a poco se va deshilando, hasta dar lugar a toda una serie de encuentros y desencuentros que colman la escena de agresividad y desembocan en un final trágico. Así, la puesta en escena se centra en el trabajo actoral con el objeto de mostrar la violencia doméstica como una espiral que se desata cuando la pareja, más que por amor, se basa en la necesidad de sentirse amado. Lástima que, en su afán por no caer en una visión estereotipada de este tema tan delicado, Tolcachir se adentre en un discurso psicológico que destaca los mecanismos de la culpa como el verdadero motor de la violencia y el sacrificio, con lo que acaba delimitando un relato un tanto farragoso. No obstante, cabe destacar la fluidez del ritmo y el alto grado de intensidad dramática que la puesta en escena, a pesar de su sobriedad, es capaz de transmitir.

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