Economía

Política de aguas consumadas

Saben cuánto van a sembrar, cuánta agua tendrán, qué turnos de riego harán, cómo se organizarán. Han inundado las tablas (las parcelas) y las avionetas ya están listas para esparcir el arroz por las marismas sevillanas. Y todo antes de que mañana se reúna la Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) para aprobar la dotación definitiva. (Foto: EFE).

el 15 sep 2009 / 05:01 h.

Saben cuánto van a sembrar, cuánta agua tendrán, qué turnos de riego harán, cómo se organizarán. Han inundado las tablas (las parcelas) y las avionetas ya están listas para esparcir el arroz por las marismas sevillanas. Y todo antes de que mañana se reúna la Comisión de Desembalse de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) para aprobar la dotación definitiva de agua para la agricultura.

"¿Y qué hacer, si ya estamos a mediados de mayo y se nos echan el tiempo y la sal encima?", relata Manuel, arrocero de una localidad que ya respira porque sí, habrá siembra, y con ello, actividad económica en el pueblo. Es Isla Mayor, que hace apenas dos meses temía que su principal fuente de ingresos (cosecha, semillas, empresas de suministros y transportes y jornales) se fuera al garete porque no había agua con la que irrigar.

De la alegría del municipio incluso se impregnó hace diez días Antonio Hernández Callejas, que preside el mayor grupo alimentario del país, Ebro Puleva, cuando, en una presentación ante analistas, destacaba la buena noticia que suponía que en Sevilla se sembrara al menos la mitad de su superficie arrocera.

En efecto, será la mitad, como confirma Manuel Cano, director gerente de la Federación de Arroceros. ¿Cuantía? Unas 18.000 hectáreas. En la primera Comisión de Desembalse del año, que se celebró a finales de enero pasado, ni gota de agua se aprobaba para este sector porque, sencillamente, no había suficiente en los embalses de la regulación general del río, que constituyen el aporte principal de los riegos del Guadalquivir.

En esta ocasión, ni siquiera ha hecho falta que los productores de arroz se apostaran a las puertas de la CHG para arrancar agua, como sí habían tenido que hacer años atrás. Presión sí han ejercido esta vez los agricultores del Bajo Guadalquivir adscritos a la organización agraria COAG, que son cultivadores de frutas, hortalizas, algodón y maíz.

Éstos exigían más planificación a la hora de asignar las dotaciones y Juan Saura, responsable técnico del órgano regulador de la cuenca, les respondía que, tal y como está el patio de las lluvias y la sequía, cómo iban a saber en octubre los recursos de que iban a disponer en marzo. Pero tras esta protesta, lo que realmente se escondía era una pelea entre sectores agrarios pues, argumenta COAG, la fórmula de distribución del agua beneficia a unos (velada referencia a los arroceros) en detrimento de otros.

Pero si los arroceros, antes de la Comisión de Desembalse de mañana, ya saben cuánto van a sembrar, los que tienen, allá también por el Bajo Guadalquivir, algodón y hortalizas ya están cultivando, y al final la reunión quedará convertida en la mera certificación de una política de aguas consumadas. "¿Y qué hacer? Si no se hace así y después hay recursos suficientes, se nos quedaría la cara de tonto", explica Jesús, agricultor de Lebrija.

Generosa. Para lo que hay, la CHG será incluso generosa. Según fuentes de la institución, se arbitrarán para todos los cultivos 700 hectómetros cúbicos, sustancial mejora respecto a los 300 puestos sobre la mesa en enero, si bien lejos de los 850 aprobados el año pasado -aunque entonces el ahorro superó el centenar largo- y los más de 1.100 que se han llegado a desembalsar en campañas de muy holgada pluviometría.

El último parte de la CHG -elaborado el viernes pasado- indica que los pantanos de la regulación general del río están al 33,79% de su capacidad, con 1.651 hectómetros cúbicos, mientras que el porcentaje era del 35,78% en la misma fecha de 2007. A ese volumen hay que restar las reservas legales para abastecimiento urbano y los caudales ecológicos. Habida cuenta de que la primavera está siendo fría y con chaparrones, el regulador mantiene que la dotación prevista, en un entorno de sequía, garantiza la misma cosecha que en 2007.

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