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Política fiscal déjà vu

Están a punto de convertirse en un lugar común entre los economistas los variados sarcasmos con que contemplamos la rehabilitación de las recetas keynesianas por parte de quienes, hasta hace nada, hicieron un oficio de abominar de ellas

el 15 sep 2009 / 03:21 h.

Están a punto de convertirse en un lugar común entre los economistas los variados sarcasmos con que contemplamos la rehabilitación de las recetas keynesianas por parte de quienes, hasta hace nada, hicieron un oficio de abominar de ellas. Porque no es la socialdemocracia ni los sindicatos quienes sugieren y reclaman que los gobiernos asuman un papel activo frente a la crisis. Ha sido en los propios Estados Unidos, y a manos del gobierno de todos conocido, donde se ha empezado a predicar a la contra y a requerir el empleo de los impuestos y los gastos públicos para contrarrestar la desaceleración económica prevista para este año 2008, de tal manera que se prevé transferir a los hogares unos recursos equivalentes a un 1% del PIB. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) también ha realizado una llamada a favor de una expansión fiscal. Los economistas europeos también han comenzado a cuestionar las limitaciones que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento impone a la articulación política fiscal. Muchos de ellos los mismos que menospreciaron a Romano Prodi cuando dijo lo propio en 2003.

Como pone de manifiesto Giancarlo Corsetti en su trabajo ¿El redescubrimiento de la política fiscal?, la naturaleza especifica de la actual desaceleración -en la que los estándares de los mercados financieros han pasado en pocos meses de ser muy laxos a convertirse en excesivamente estrictos- ha creado la base para el actual redescubrimiento de la política fiscal. Recordemos aquí que el éxito del keynesianismo, base del New Deal americano, tampoco se fraguó en una situación de bonanza, sino en el contexto de la trágica crisis de los años treinta, donde un mercado desembridado ya mostró a las claras su peligro. También, ayer como hoy, mostró su desenvoltura a la hora de mirar al Estado, a los contribuyentes en gran medida, en busca de remedios.

Este cambio de actitud sobre las posibilidades instrumentales y sobre la efectividad de la política fiscal también se ha hecho presente en España a falta de mejores recetas. Cualquiera se da cuenta de que para un país con una moneda compartida y que ha cedido su soberanía monetaria y cambiaria, la política fiscal es el principal instrumento para estabilizar el ciclo económico.

En fin, puestos a actuar, tampoco está justificado un uso indiscriminado y a gran escala de la política fiscal: las dificultades financieras, como es bien sabido, no afectan de una manera uniforme a todos los grupos dentro de una economía. Así, las ayudas a complementar ingresos tienen unos efectos muy diferentes entre los distintos grupos de hogares dependiendo de su nivel de deuda inicial o de sus pérdidas de patrimonio durante crisis. Además, a la luz de la alta incertidumbre sobre los ingresos futuros que se ha generado en esta crisis, es muy posible que, en algunos grupos, ya haya incluso aumentado su propensión al ahorro sobre sus ingresos corrientes actuales. Por tanto, para ser coherente, la política fiscal debe concentrarse en aquellos grupos específicos de hogares y empresas más expuestos a las presentes dificultades económicas.

Baste lo anterior como aviso para que no tiren sus viejos apuntes de Hacienda Pública, y recuerden que entre las tres funciones clásicas del sector público, tal y como decía Musgrave, también está la de Estabilización y Desarrollo económico, y que ésta tiene sus propias herramientas. Y que la política monetaria no es todopoderosa. Etc

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

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