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Polos opuestos con bata blanca

La sanidad andaluza se ha puesto en 30 años a la cabeza de la investigación. Poco tiene que ver la sanidad de ahora, la que investiga con células madre y logra bebés medicamento que salvan a sus hermanos, con la que había en los 80, cuando se transfirieron las competencias.

el 11 dic 2009 / 19:46 h.

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La sanidad andaluza de hoy poco tiene que ver con la de 30 años atrás, en aquellos primeros 80, cuando se asumieron las competencias nacionales y nació el SAS , cuando la Consejería aún aglutinaba la Sanidad y la Seguridad Social. La Andalucía sanitaria que justificaba el pago de la deuda histórica es ahora la Andalucía que entra en el bloque de cabeza -tiene el sexto mejor sistema público del país, según la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública-, que investiga con células madre y logra bebés medicamento que salvan a sus hermanos.


Pero para llegar hasta ahí ha habido que pasar tiempos de penuria. En los 80, cuando el primer estatuto, los médicos colegiados por cada 1.000 habitantes no pasaban de 1,57 (ahora hay 3,91), los diplomados de enfermería eran 2,70 por cada 1.000 habitantes (actualmente llegan a 4,23), y existían 233 centros de atención primaria (cuando ahora la cifra es siete veces mayor, con más de 1.500). Más lenta ha sido la creación de nuevos hospitales en estas tres décadas (pasando de 58 a 61), y más pronunciado el reflejo del progreso sanitario en la esperanza de vida (cinco años más, hasta los 82,5 de la mujer y el 76,4 del hombre). Las listas de espera se han recortado en un 70% y la tasa de donación ha crecido otro tanto.

Andrés Alcaraz, médico de familia en Granada: "Existía un atraso brutal que otros no sufrían"

 

El doctor Alcaraz podría haber bautizado alguna serie de televisión. Médico rural durante 29 años, se conoce a ciegas la Alpujarra, sus bondades y sus carencias. En los años en que se escribía la famosa Disposición Adicional Segunda del Estatuto, le tocó sufrir "el verdadero interior olvidado". "Si había médico de familia, como yo, era un milagro. Un especialista era una quimera, aunque fuera un cardiólogo o un traumatólogo... Lo del ginecólogo era un lujo inimaginable", explica indignado. En el centro de salud -un "habitáculo ganado a la sacristía de la iglesia"- le tocaba hacer de todo: de telefonista, de administrativo, de jefe de personal. "Eran los años de vocación en horas altas y así podíamos aguantar, así y largándonos después al bar con los cuatro menores de 60 años del pueblo", relata riendo.


Toledano de nacimiento y con ejercicio previo en Galicia, reconoce que siempre vio la situación andaluza peor que la del resto. "Aquí existía un atraso brutal en todo que otros no sufrían. Esperábamos cuatro horas una ambulancia y una simple placa tardaba en hacerse seis o siete meses. A eso no se enfrentaban otros colegas". ¿Cree entonces que estuvo justificada la deuda histórica para compensar esa brecha? "Por supuesto, era de justicia darle algo al que siempre ha sido el olvidado. Porque los andaluces han sido siempre poco mirados, no es que necesiten más por ser vagos o indolentes. Aquí nos daban menos porque la gente estaba acostumbrada a tragar". Ahora, ya retirado, reconoce que ha disfrutado un final de carrera "en condiciones dignas y con constantes retos", "feliz" por ver los avances "en biomedicina y en trasplantes". "Lo más importante es que cada pueblito tiene su sanatorio".

Emilio Navarro, investigador de la Universidad Libre de Amsterdam: "Se avanza con dinero, venga de donde venga"

 

A sus 33 años, el malagueño Emilio Navarro triunfa en su oficio. Es investigador en la Universidad Libre de Amsterdam, tras formarse en Sevilla y colaborar con el Campus de las Ciencias de Granada. Reconoce que no sabe qué es la deuda histórica, pero le parece bien "cualquier inversión en Andalucía". ¿Se fue porque no podía desarrollarse aquí? "No, al contrario, me he ido porque quiero viajar y aprender idiomas pero he conseguido esta experiencia gracias a la buena marca que da en el currículum Andalucía y su universidad", señala. Asegura que la sanidad de la región, "aunque tiene muchos agujeros aún en listas de espera y en camas y atención personalizada", muestra un nivel "similar al de las mejores de Europa". Su mayor felicidad: que se haya apostado "por nuevas vías de saber, como las células madre o la ingeniería genética".
¿Cree que la deuda ha influido para ir subiendo peldaños? "No, no creo. Si dices que se ha pagado del 96 para aquí, eso no supone mucho. Está claro que se avanza con dinero, pero no importa de donde venga. Lo importante es que Andalucía ha metido dinero en la sanidad, cuando hace décadas la prioridad era el campo", afirma.
Emilio, como Andrés, sí cree que la Disposición Adicional estaba justificada, porque "es histórica la dejadez a que se ha visto sometida Andalucía, ahí está el ejemplo de que todo iba para el norte", pero insiste en que es "perder el tiempo" entrar a comparar con otras regiones. "Debemos llegar a la excelencia médica, formativa, turística o cultural por nosotros mismos. Ahora la prioridad debería ser apoyar las becas para sacar más investigaciones y patentes. Con conocimiento no hay más deudas que abonar", concluye.

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