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Cierta nostalgia profesional me llega al conocer que el próximo fin de semana se celebra el congreso del Partido Popular de Andalucía, porque a lo largo de mi vida he asistido a muchos de ellos, desde el de 1988 que llevó a Julio Anguita a la dirección del viejo PCE...

el 15 sep 2009 / 11:50 h.

Cierta nostalgia profesional me llega al conocer que el próximo fin de semana se celebra el congreso del Partido Popular de Andalucía, porque a lo largo de mi vida he asistido a muchos de ellos, desde el de 1988 que llevó a Julio Anguita a la dirección del viejo PCE, hasta el socialista de Rodríguez de la Borbolla, pasando por varios del PP en toda España, tanto regionales como locales y nacionales, fruto de mi vinculación laboral con este partido.

A unos fui como periodista y recuerdo especialmente el del PSOE de Andalucía en el hotel Melia (creo recordar), cuando un grupo de periodistas nos encaramamos a la estructura interior del techo para poder atender las reflexiones congresuales y asistir, a 'puerta cerrada', a las discusiones entre guerristas y no guerristas. Eras aquellos otros tiempos, especialmente para mí. Ahora dudo de que pudiese encalomarme a un entretecho, por razones físicas, por descreimiento y porque no creo que haya congreso que se lo merezca.

Este que llega el fin de semana a Córdoba promete ser interesante, especialmente por la ponencia de organización, con la figura de un valedor del afiliado, que ya explicarán qué es, y por la ponencia sobre el andalucismo constitucional, en el que no hay dudas de que cree firmemente la dirección del partido Popular pero que aun no ha conseguido trasladar, la certeza de la creencia digo, a la sociedad.

El congreso será seguramente un pasito más en el avance largo del PP de Andalucía hacia conseguir ganar unas elecciones autonómicas. No hay dudas de que el PP andaluz es un partido de la tierra, pero todavía, 26 años después de las primeras elecciones autonómicas, aún no ha conseguido convencer a los andaluces de la realidad de sus objetivos políticos, abiertos, liberales, de centro. Se trata de transmitir un mensaje fácil: la normalidad de la alternancia.

Para percibir esa normalidad sólo habría que ir a Córdoba el fin de semana, pero yo no soy quien para invitarles, aunque el lunes próximo cuando ya se publiquen los resultados todos podremos advertir que los militantes populares no tienen rabo ni pezuñas. Únicamente arrastran, como toda la sociedad española, un cierto complejo que hay que sacudirse.

Consultor de comunicación

isidro@cuberos.com

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