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Por favor, que sea el ñame

La exhibición de Usain Bolt en el estadio Nacional de Pekín, no por repetida menos asombrosa, ha sembrado de optimismo el mundo del atletismo, que se aferra a su fresca figura como piedra angular de una nueva era capaz de relegar al olvido episodios escandalosos todavía vivos en la memoria de los aficionados. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 10:21 h.

José Antonio Diego

La exhibición de Usain Bolt en el estadio Nacional de Pekín, no por repetida menos asombrosa, ha sembrado de optimismo el mundo del atletismo, que se aferra a su fresca figura como piedra angular de una nueva era capaz de relegar al olvido episodios escandalosos todavía vivos en la memoria de los aficionados.

Alardes como los de Bolt, que acaba de hacer lo que ningún otro hizo antes, ni siquiera Carl Lewis o Jesse Owens -ganar los 100 y 200 metros con records mundiales- suscitan, junto a una profunda admiración, una soterrada tentación de echar el freno de los elogios por temor a que el futuro obligue a tragarse sus palabras a quien los profirió. Ha ocurrido muchas veces y podría volver a suceder. Y no sería bueno.

El atletismo mundial reza para que los rutilantes éxitos de Usain Bolt obedezcan a los beneficios del ñame, una planta de tubérculo parecido a la batata que, según su padre, está en la base de sus cualidades físicas. O que la diferencia abismal con los demás no sea más que el resultado de la combinación letal de velocidad y longitud de zancada, de la que hablaba el ex plusmarquista del doble hectómetro, Michael Johnson.

El atletismo, golpeado en la base de su prestigio por la sucesión de casos de dopaje, no podría soportar un nuevo escándalo, tras la saga interminable de fiascos que empezó con Ben Johnson en Seúl'88, continuó con Marion Jones en Sídney 2000 y se prolongó con Justin Gatlin, el campeón de los 100 metros en Atenas 2004.

La savia nueva que representa Usain Bolt ha sido esgrimida como recurso para pasar página, pero hay quien ya se pregunta por qué Jamaica no tiene una Agencia Antidopaje como otros muchos países y por qué sus atletas, a lo largo del año, sólo pasan los controles a que los somete la IAAF, ya sean por sorpresa o en competición.

El presidente de la IAAF, Lamine Diack, recordó minutos antes de la final de 200 que Bolt había pasado ya tres controles en Pekín y dijo que no hay que sembrar dudas por el hecho de que algunos países carezcan de recursos para tener su propia Agencia Antidopaje.

La guerra abierta contra el dopaje que ha desatado en los últimos años la Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA) coincide con un retroceso evidente en los resultados de sus velocistas en alta competición y un progreso simultáneo de los éxitos jamaicanos, como si fueran los dos platos de una balanza.

Tras la final femenina de 200 metros ganada ayer por Veronica Campbell, Jamaica se ha llevado en Pekín las cuatro medallas de oro en velocidad, y en el caso del hectómetro femenino con barrida de los tres metales. Estados Unidos, la gran potencia mundial hasta este año, ha tenido que conformarse con metales de menor rango: dos platas y dos bronces, un tercio de los metales.

Bolt constituye una pieza clave en el edificio del atletismo que se pretende erigir sobre las ruinas del anterior, desplomado, sobre todo, con la confesión de culpa de Marion Jones, la figura más carismática del mundo a raíz de sus cinco medallas en los Juegos de Sídney, conseguidas -luego se supo- con la inestimable ayuda del dopaje.

Son tantas las esperanzas depositadas en el joven prodigio jamaicano, que ya se le empiezan a plantear retos inimaginables hasta hace dos días. Ha destrozado los records mundiales de 100 y 200 metros. ¿Por qué no el de 400? Si fue capaz de dar la vuelta a la pista en 45.35 con sólo 16 años, nadie se atreve a ponerle límites al nuevo monarca.

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