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¡Por fin el Metro!

Por fin, iremos en metro. Ha costado, pero aquí está, a modo de estreno anticipado del Domingo de Ramos. Aunque el metro sea un invento de hace casi ciento cincuenta años, no llegan a doscientas las ciudades que lo tienen en el mundo.

el 16 sep 2009 / 00:40 h.

Por fin, iremos en metro. Ha costado, pero aquí está, a modo de estreno anticipado del Domingo de Ramos. Aunque el metro sea un invento de hace casi ciento cincuenta años, no llegan a doscientas las ciudades que lo tienen en el mundo.

Sevilla ha tenido que solucionar muchos otros problemas antes de centrar sus recursos y esfuerzos en su construcción pero por fin lo tenemos aquí. Y está para quedarse porque una ciudad como Sevilla no puede permitirse dejar de avanzar en el modelo de desarrollo sostenible que ha comenzado con la peatonalización del centro, con la construcción del carril bici y ahora con la puesta en marcha del metro, aunque de camino, se hayan talado más árboles de los necesarios. Aún recuerdo de niña y adolescente la impresión que me causaron los enormes agujeros que se abrieron en la Plaza Nueva y en la Puerta Jerez y que difícilmente podíamos ver por unas vallas que los protegían. Y no se va tampoco de mi memoria la indignación que tantos sevillanos y sevillanas sentimos cuando todo aquel trabajo y aquel dinero se enterró casi de la noche a la mañana. En aquella época me fui de Sevilla y a mi vuelta, quince años después, el metro estaba otra vez en construcción. Mi trabajo en la Universidad Pablo de Olavide, por donde el metro va en superficie, me ha permitido verlo crecer día a día con esperanza y sobre todo con muchas ganas de que las obras concluyesen por fin para poder ir diariamente a trabajar utilizando el transporte público y colectivo.

El metro me gusta en primer lugar porque se trata de una solución más sostenible que otros transportes públicos y sobre todo, que el transporte privado. Lo es social y medioambientalmente porque, al ser un transporte colectivo y masivo, ahorra en recursos energéticos. Contrariamente a los autobuses, al no ir en superficie, contamina menos la atmósfera y al ser masivo, permite transportar al mismo tiempo a un número mayor de viajeros. Y frente al coche pierde por goleada, sobre todo porque éste es un transporte privado que normalmente no se comparte generando así unos problemas de trafico insostenibles que nos hacen perder tiempo, ser menos productivos, sufrir más estrés y contaminar mucho más nuestro aire.

Además, al tratarse de un transporte público, el metro permite desplazarse a un coste más asequible para un mayor número de personas de las que pueden hacerlo en coche, al que no todos los ciudadanos y, sobre todo, no todas las ciudadanas, tienen acceso. De hecho, el metro, no es sólo un avance medioambiental sino también social al mejorar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos y ciudadanas a la hora de desplazarse y utilizar su tiempo.

Y finalmente, me parece que el metro puede ser fundamental para que Sevilla avance en la construcción de la Gran Sevilla, de una metrópoli en la que las movilidad para estudiar o trabajar favorezca las elecciones de los ciudadanos y ciudadanas. Una metrópoli cuya oferta cultural y de ocio mejore sustancialmente al contar con mayores y más diversos clientes potenciales. Claro, que no basta con poner en marcha el metro, y aunque esto no haya sido poco. Ahora es imprescindible que las autoridades lo gestionen bien y que sus líneas se desplieguen por la ciudad de Sevilla y sus alrededores, así como hacia las conexiones del tren de cercanías. Y, por supuesto, que los sevillanos cuidemos y respetemos este bien público que por fin se pone a caminar y que sepamos apreciar los esfuerzos que políticamente se han hecho para convertir Sevilla en una ciudad moderna y sostenible.

Vicerrectora de Postgrado de la Olavide

lgalvez@upo.es

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