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¿Por qué hablamos mal?

Las palabras de la señora Nebrera sobre el habla andaluza es el último episodio de una historia que se repite cíclicamente pero que comenzó a escribirse en un determinado punto.

el 15 sep 2009 / 21:03 h.

Las palabras de la señora Nebrera sobre el habla andaluza es el último episodio de una historia que se repite cíclicamente pero que comenzó a escribirse en un determinado punto. Aunque a gente apegada a verdades eternas les parezca imposible, hubo un tiempo en el que el lenguaje sevillano y su fonética eran alabados con los epítetos de claro, dulce, musical... Entonces en las imprentas de Sevilla veían la luz las obras más renombradas, de Sevilla era Nebrija el que había dejado sentado que cada parte de España tenía sus vocablos propios y sus maneras de decir y también Juan de Malhara y Fernando de Herrera que acuñaban reglas y conceptos linguísticos.

El habla andaluza fue apreciada mientras Sevilla tuvo la sartén del Imperio por el mango y acabó en dialecto ininteligible y despreciado cuando el poder se alejó. Recién llegados los Borbones en el siglo XVIII, emulando a la Francia de Richelieu y Mazzarino, se funda la Academia de la Lengua para unificarla sin que ni un solo andaluz participara en los trabajos de esa etapa y adoptando como norma la fonética de Castilla.

Oficialmente comenzamos a hablar mal en ese momento y ahí comenzaron los sevillanos a ser rechazados para puestos en la Administración y para otras cosas. El tatarabuelo de Jaime Raynaud, que dirigía la Escuela de Actores sevillana, hubo de conformarse con que sus alumnos y alumnas fueran excluidos en las obras de los papeles principales y únicamente se los destinara a los de gracioso o tonadillera. Éstas, al final, fueron -con los toreros- las grandes triunfadoras del siglo y ahí está La Tirana para probarlo, pero el papel de gracioso con el que algunos hubieron de ganarse la vida, acabó en cliché manoseado por muchos para deducir que, como hablamos de chiste, vivimos del chiste y no sabemos hacer nada más. La solución al problema no es fácil pero seguramente hemos de empezar por ponernos serios con esa gente.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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