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Porque yo lo valgo

el 08 dic 2011 / 12:15 h.

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Recuerdan a Norma Duval, otrora musa del PP de José María Aznar, en aquel anuncio de cosméticos que terminaba con la mítica frase "Porque yo lo valgo"? Pues a un paso de emular a la exvedette (salvando las distancias, que las comparaciones siempre son odiosas) se quedó el pasado jueves el alcalde Zoido cuando informó de que finalmente se había logrado un crédito para pagar las nóminas de los trabajadores de Tussam: "Lo hemos conseguido porque yo tengo credibilidad ante algunas instituciones financieras y nos han prestado el dinero. Antes no lo prestaban".

En este anuncio, que se produjo después de más de dos meses de incertidumbre y de negociaciones y tan sólo horas antes de que los empleados de la empresa municipal de transportes comenzaran a movilizarse ante la posibilidad de que no se cobraran las nóminas de noviembre y diciembre y la paga extra de Navidad, también hubo cámaras y focos... pero esta vez no se publicitaba marca alguna de cremas u otro tipo de ungüentos.

Zoido se atribuyó todos los méritos del logro y no por su pericia negociadora ni sus contactos ni el arduo trabajo de su equipo de gobierno formado ni más ni menos que por 20 concejales, algunos de los cuales están desaparecidos desde el mismo día de la toma de posesión el pasado 11 de junio..., sino porque él lo vale o, lo que es lo mismo, por su credibilidad frente a la de unos gestores que llevan seis meses fuera de la Casa Consistorial. Está claro que en las elecciones del 22-M nadie votó al PP por la número 20 de la lista y que el alcalde ha decidido mantener como seña de identidad propia su proximidad con el ciudadano (que tantos réditos le ha dado) y capitalizar todos los debates. Es una mera cuestión de estrategia.

Sin embargo, resulta llamativo esta atribución del éxito tan personalísima cuando además el también presidente del FEMP cuenta con el respaldo mayoritario de la ciudadanía. Cualquier triunfo del Ayuntamiento es un logro de su primer edil, así como cualquier fracaso, por lo que señalarse de esta manera tan particular no sirve nada más que para dar munición a una oposición ávida de ella. Entre otras cosas porque en estos primeros meses de gestión el alcalde Zoido ha tenido la oportunidad de comprobar en carne propia que no es lo mismo gobernar que opositar, los problemas ya no se solucionan en cinco minutos y los debates se encallan como la derogación el Plan Centro, la nueva tienda de Ikea, el emplazamiento de la Ciudad de la Justicia, la devolución de las fianzas de 1.000 euros a los afectados por el retraso en los aparcamientos o, incluso, asuntos menores como la ubicación de la estatua del papa Juan Pablo II.

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