Economía

Portillo sufre un 'ladrillazo'

El descalabro bursátil y la rebelión de sus accionistas han obligado a Luis Portillo a dejar la presidencia de Colonial, inmobiliaria de la que posee un 40,64%, valorado en 1.250,4 millones de euros.

el 14 sep 2009 / 22:05 h.

El descalabro bursátil y la rebelión de sus accionistas han obligado a Luis Portillo a dejar la presidencia de Colonial, inmobiliaria de la que posee un 40,64%, valorado en 1.250,4 millones de euros. Crecer precipitadamente y tanto pasa factura.

2006 fue el gran año de Portillo y el primer trimestre de 2007 consagró su escalada al Olimpo del ladrillo. Sin embargo, la primavera pasada se vio inmerso en un mal sueño convertido ahora en auténtica pesadilla.

Recapitulemos: mayo de 2005, su empresa Expo-An lanza una opa sobre Inmocaral valorada en 251 millones de euros; diciembre de ese año, vende su participación en Metrovacesa por 331 millones; junio de 2006, lanza una oferta sobre Colonial por 3.761 millones; sólo seis meses después, compra un 15% de FCC por 1.534 millones; principios de 2007, otra opa, ésta sobre Riofisa, por 2.000 millones. Y por supuesto, todas inmobiliarias, todas ladrillo.

Hasta aquí, lo bueno, que tendría dos episodios más: el empresario sevillano se colaba en el tradicional listado de los hombres más ricos de España que elabora la revista estadounidense Forbes y entraba en el consejo de administración de FCC, codeándose, así, con el principal accionista de la constructora, la mismísima Esther Koplowitz, quien incluso llegó a desconfiar de las intenciones de Luis Portillo.

Pero he aquí que llega la desaceleración de la actividad inmobiliaria y la desconfianza de la banca hacia el sector, y nos encontramos con una Colonial endeudada hasta las cejas -algo habitual en esta actividad- por tantas compras y necesitada de una refinanciación que alargara plazos y redujera, asimismo, los intereses.

Lo consiguió, eso sí, tras mucho negociar, pero el revés que sufría el negocio inmobiliario, más que palpable en la bolsa, con una caída generalizada de las compañías de su sector, las crisis de las inmobiliarias Astroc y Llanera y ahora los vaivenes en su accionariado han conducido a algo que no perdona el mercado: la falta de confianza en la empresa, y Colonial es sinónimo de Portillo.

Y si a todo ello se agrega el que el grupo diera la sensación, en su reciente junta de accionistas, de tratar de forjar una alianza a la desesperada, con quien fuera, con el objetivo de rebajar deuda, y las críticas soterradas a la gestión de Portillo, más preocupado en crecer que en el día a día de la inmobiliaria, el resultado no podía se otro que un fuerte correctivo.

Los accionistas principales -el empresario sevillano controla un 40,64%- de Colonial se han rebelado y Portillo no ha tenido más remedio que poner pies en polvorosa y ceder la presidencia de la inmobiliaria. Buscará, por aquello de la transparencia, un presidente independiente pero, eso sí, no ejecutivo -al estilo del ex presidente de FCC José Mayor Oreja, que ni pincha ni corta pero da caché y es nexo de concordia en los accionistas y miembros del consejo de administración-, y hasta que no se encuentre su número dos, el consejero delegado, Mariano Miguel -hombre de su plena confianza- asumirá la presidencia.

La prueba de fuego para esta reestructuración de la cúpula de Colonial será el 2 de enero, con la reapertura de la bolsa -en diciembre sus títulos han bajado nada más y nada menos que un 41,61%, con una acción a 1,88 euros-. La copañía sostiene que nada en su negocio justifica tamaño castigo.

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