Local

Predicar con el ejemplo

El monopolio de la fuerza por parte del Estado es una de las características principales de la aparición y consolidación del Estado Moderno. Gracias a ello se supone que el Estado acaba con su uso arbitrario para proporcionarnos defensa y seguridad basadas en la justicia y la legalidad.

el 16 sep 2009 / 00:21 h.

El monopolio de la fuerza por parte del Estado es una de las características principales de la aparición y consolidación del Estado Moderno. Gracias a ello se supone que el Estado acaba con su uso arbitrario para proporcionarnos defensa y seguridad basadas en la justicia y la legalidad. Allí donde el Estado no llega surgen piratas, mafias o paraísos fiscales. Las mafias se apropian de las funciones del Estado: cobran tributos a cambio de seguridad, con la diferencia de que ellas no buscan necesariamente el bien común, ni sus dirigentes son elegidos con criterios democráticos de transparencia y garantías constitucionales. Por eso la mayor garantía democrática es que dispongamos de cuerpos y fuerzas de seguridad que nos defiendan a todos como partes integrantes que somos del Estado. El problema surge cuando a veces el monopolio de la fuerza que ostenta el Estado se realiza de forma arbitraria y totalitaria.

En un pasado aún muy reciente la policía española no protegía a todos sino sólo a una parte de los españoles y abusaba de su poder frente a la otra parte. Conozco a muchas personas que aún se ponen nerviosas cuando ven a un guardia civil o un policía sólo por culpa de la violencia injustificada de la que ellos mismos o personas allegadas fueron víctimas en su juventud.

La arbitrariedad policial debería haber desaparecido porque afortunadamente ya vivimos en un Estado de Derecho pero, desgraciadamente, todavía se producen casos lamentables que deben ser denunciados para que puedan desaparecer para siempre. Sin ir más lejos, en Sevilla se están sucediendo últimamente denuncias sobre abusos policiales.

Mientras escribo estas letras, se estará celebrando en las puertas de los juzgados sevillanos una concentración en contra de esos abusos coincidiendo con el juicio por atentado a la autoridad de un investigador de mi universidad, al que le piden penas que van de 1 a 3 años de prisión. Según la versión del imputado, cuando volvía por la noche a su casa en una bicicleta alquilada de SEVICI, un coche le adelantó y se le paró justo delante, bajándose de allí un hombre que se dirigió hacia él sin ninguna identificación. Asustado, dejó caer la bicicleta y salió corriendo en dirección contraria. Unos metros después, el hombre lo alcanzó, lo tiró al suelo y comenzó a golpearlo. Enseguida llegó otra persona que también le golpeó antes de que le bloquearan los brazos con unas esposas y comenzaran a insultar al agredido insinuando que había robado la bicicleta, a pesar de que luego pudo enseñarles el carnet de Sevici. Sólo en ese momento, nuestro compañero fue consciente de que esas dos personas eran policías secretas.

Según su versión de los hechos, los policías no se identificaron como tales, ni le dieron el alto. En cambio, éstos protegen su actuación declarando que sí le dieron el alto, que le enseñaron la placa y que el acusado les tiró la bicicleta encima. Si la versión de los hechos del investigador de nuestra universidad es cierta, y yo no tengo motivos para pensar que no lo sea, deberíamos plantearnos seriamente por qué se están produciendo estos hechos que llevan a sentar en el banquillo como delincuentes a personas que no han cometido hechos que objetivamente puedan ser considerados como delictivos. Y tendríamos que preguntarnos sobre qué puede estar pasando para que personas normales sientan miedo en lugar de seguridad ante quienes tienen el deber de protegerlas. La democracia convive muy mal con la inseguridad y el miedo. La historia nos muestra multitud de casos en los que quienes han querido debilitarla o acabar con ella han empezado simplemente por generarlos artificialmente en la población para que ésta reclame así medidas extraordinarias al margen de las leyes democráticas.

Vicerrectora de Postgrado de la Olavide. lgalvez@upo.es

  • 1