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Puestos a preferir, los andaluces (un 73%) que engrosan el contingente que se va a Francia a recoger la uva, han decidido este año hacer lo mismo que desde hace muchos sus padres y quizá abuelos. Claro, con el permiso del Ministerio francés de empleo -no sé si con el de inmigración- y también con el favor de la opinión pública...

el 15 sep 2009 / 11:29 h.

Puestos a preferir, los andaluces (un 73%) que engrosan el contingente que se va a Francia a recoger la uva, han decidido este año hacer lo mismo que desde hace muchos sus padres y quizá abuelos. Claro, con el permiso del Ministerio francés de empleo -no sé si con el de inmigración- y también con el favor de la opinión pública, excepción hecha de la de Le Pen. El paro en Francia está ya una décima por encima de la media de la Eurozona pero la uva hay que recogerla y no parece que los galos estén por doblar el espinazo en tan incómoda postura; puede resultar emocionante trasegar tragos de vino francés pensando que tal vez un compatriota haya recogido con mimo tan delicado fruto, como pensar que quizá uno de sus hijos podrá alcanzar un ministerio, una alcaldía o una presidencia, un día, aunque sea de la Generalitat.

Desde hace un tiempo hacia acá, un buen número de hispanos prefieren engrosar las filas del ejército español a enrolarse en el suyo propio. No me emociono con facilidad con los desfiles pero como ciudadano me siento orgulloso de que los militares españoles ayuden a la parte más humana de la Pax mundial. Ello con riesgo de sus vidas, frecuentemente jalonadas por nombres como Wilson, Edgardo o Freddy; vendrá un tiempo en el que se clame por la reespañolización pero no se si estaremos ya en condiciones de cumplir con nuestros compromisos internacionales. Puestos a preferir, los jóvenes africanos se dividen en dos: los que prefieren triunfar en los equipos europeos de la elite pelotera -hasta llegan a las selecciones y cantan sus himnos-, con el aplauso de unas aficiones cada día menos canteranas, y los que prefieren venirse en embarcaciones deportivo-pesqueras, sin espíritu olímpico, a buscar sólo trabajo o en su defecto a alistarse en las peores actividades de las bajuras urbanas. Es curioso, pero ninguno prefiere jugar en el equipo de su pueblo o trabajar en su cooperativa. Hay incluso, gracias a las facilidades jurídicas, quienes prefieren ser alcaldes en Europa de sus pueblos de acogida antes que de sus aldeas de origen. ¡Qué cosas!

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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