Cultura

'Preguntar también es un modo de cuestionar'

Los bisontes de Altamira, ¿los pintaron nuestros abuelos, o nuestras abuelas? ¿Adán y Eva eran negros? ¿De veras fue Balboa el primero que vio los dos océanos? ¿Y los que ya vivían allí, eran acaso ciegos? Un Eduardo Galeano más preguntón que nunca planteó estas y otras cuestiones en su último libro, Espejos (Siglo XXI).

el 15 sep 2009 / 04:35 h.

Los bisontes de Altamira, ¿los pintaron nuestros abuelos, o nuestras abuelas? ¿Adán y Eva eran negros? ¿De veras fue Balboa el primero que vio los dos océanos? ¿Y los que ya vivían allí, eran acaso ciegos? Un Eduardo Galeano más preguntón que nunca planteó estas y otras cuestiones en su último libro, Espejos (Siglo XXI).

"La Historia, sí, la escriben los vencedores: es parte del botín quedarse con la memoria. Pero siempre se pueden escuchar otras voces del pasado y del presente. No hay nadie sin voz. Todos, por suerte, tenemos una". Con esta vocación de viajar sin hacer caso de las fronteras geográficas ni las disciplinas del tiempo, el escritor uruguayo presentó en la Feria del Libro de Sevilla este último trabajo, una vez más a caballo entre la crónica y la narrativa, en forma de Historia Universal abreviada.

Todo empezó, según el escritor, como un sueño: la posibilidad de tomar en su Montevideo natal un taxi que le condujera a la Italia de Mussolini, o a la Alejandría donde se oficiaron los funerales de Cleopatra.

Así llegó a compilar 600 pequeñas historias -del poema de Gilgamesh a Troya, de la revolución mexicana a aquel George Bush del siglo XIX que fue el primer biógrafo americano de Mahoma, "no del que ahora cree que la escritura se inventó en Texas"-, curiosos hitos que, según Galeano, "son maneras de aproximarse a posibles respuestas. Las ganas de preguntar también son a menudo ganas de cuestionar", dice.

Y sus ganas de preguntar son insaciables, tanto entre los volúmenes de Historia como ante la prensa diaria. "Las cifras de muertos en Irak que nos dan son las de los invasores, pero, ¿y las de los invadidos, la mayoría de ellos mujeres y niños? En una guerra que nació de una mentira, al menos podrían llevar la cuenta de lo que han matado".

La claridad y la capacidad para conectar con la sensibilidad hacen de cualquier conferencia de Galeano un acontecimiento más o menos masivo. "Supongo que se debe a una equivocación colectiva", comenta con borgiana modestia, "pero me encanta que la gente venga, se crea una linda energía y es una forma de eliminar la distancia entre lo que dice la mano y lo que dice la boca".

También sabe que el público de izquierdas, muy falto de referentes en los últimos tiempos, encuentra en él una voz que no se pierde en la vieja retórica ni en los tercos dogmatismos al uso. "La literatura de izquierdas ha sido muy aburrida. Creo que hay que rescatar de la realidad la capacidad de cometer lindas locuras, el sentido del humor popular, la sal y la pimienta de la vida. La izquierda en general se afilió demasiado al espíritu racionalista cartesiano y se alejó del lenguaje sentipensante. Se volvió un lenguaje para convencidos, pero por suerte la realidad es más rica que los esquemas que la interpretan".

"Recuerdo", prosigue Galeano, "cuando surgió el subcomandante Marcos, no se sospechaba que la izquierda pudiera reír y hacer reír. La propia raíz religiosa de cristianos, judíos y musulmanes es la adoración del mismo dios que nunca ríe, porque está ocupadísimo amenazándonos y castigándonos. Los romanos, en cambio, tenían la certeza de que no había nada que no merezca ser reído. Adriano, un emperador que no en vano era andaluz, presiente su muerte y escribe: '¿Adónde irás ahora?/ ¿A qué lugares pálidos, duros, árido, irás?/ Ya no contarás más chistes'".

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