Cultura

Pretencioso espectáculo de un Arcángel desorientado

Un día de estos vamos a ir a la Bienal de Flamenco y nos van a poner la última película de George Lucas. Arcángel se presentó anoche en el Lope de Vega con un espectáculo cuyo epígrafe es bastante pretencioso, De dónde venimos, a dónde vamos.

el 15 sep 2009 / 16:15 h.

Un día de estos vamos a ir a la Bienal de Flamenco y nos van a poner la última película de George Lucas. Arcángel se presentó anoche en el Lope de Vega con un espectáculo cuyo epígrafe es bastante pretencioso, De dónde venimos, a dónde vamos. ¿No es demasiado joven aún el buen cantaor onubense para darnos lecciones sobre el pasado y señalarnos el camino de hacia dónde va el cante flamenco, como si fuera un profeta? Hubiera sido más correcto llamarlo De dónde vengo, a dónde voy.

Su propuesta de concierto flamenco es interesante, pero el resultado fue desigual. En la primera parte nos deleitó con unos cantes hermosísimos, desde el Pregón del uvero de Caracol hasta las tarantas, pasando por los tercios de soleares trianeros, del Zurraque y apolaos de Morente, la impresionante malagueña del Mellizo, de corte caracolero, los bellos fandangos abandolaos de Cayetano de Cabra y Morente y los tangos de Antonio El Chaqueta, con una fotografía de Mario Maya de fondo, de cierto mal gusto aunque su intención fuera buena.

En todos estos cantes Arcángel estuvo brillante, adornándose con detalles hermosos, cantando con una cuadratura exacta y haciéndolo todo como para deleitarnos, lo que consiguió. A partir de ahí apareció el Arcángel más creativo, el más inquieto, el más morentista, el que quiere, al parecer, que los cantaores del futuro canten lo jondo mientras que en una pantalla se proyecten audiovisuales maravillosos. Ahora les ha dado a todos por los audiovisuales; acudimos al teatro a disfrutar del cante jondo, entre otras razones, para escapar de la televisión y de la nueva cultura de la imagen, además de para descansar la vista y que el sentimiento inunde nuestras almas, y nos encontramos con que el fino cantaor canta una trilla con fondo musical grabado y un audiovisual estupendo.

Precioso, sin duda. A lo mejor es el futuro, si lo dice el cantaor de Huelva; seguramente es eso lo que quisieron hacer Silverio, el Canario, Antonio Chacón y Manuel Torre, pero no lo hicieron por falta de medios, porque en los cafés cantantes, como el El Burrero y El Filarmónico, se alumbraban con velones.

Si hay que aceptar que el cante va por donde señala Arcángel, se acepta y punto; si hay que darle ese capricho al niño de la voz de oro, se le da. Al fin y al cabo, los que seguimos amando el cante clásico, la única música de ritmo y jondura que queda en la vieja Europa, los que buscamos en los mercadillos discos de pizarra del El Pena y cancioneros de la Niña de los Peines, somos cuatro locos con menos fuerza que el puchero de un astronauta.

Arcángel, uno de los fenómenos del cante de este tiempo, dueño de una voz de ensueño, que es capaz de cantar como cantó anoche, para comérselo, acaba de señalarnos el camino, el cante del que disfrutarán los aficionados que buscarán discos de pizarra y cancioneros de Vallejo en Plutón.

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