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Prisionero del Estado

Mi amigo Rafa, espléndido editor de libros de Alcalá la Real, me envió hace unas semanas un correo electrónico que contenía un libro en inglés de un autor con nombre chino. Me pidió leerlo y valorar su interés, para comprar sus derechos y editarlo en español.

el 16 sep 2009 / 03:23 h.

Mi amigo Rafa, espléndido editor de libros de Alcalá la Real, me envió hace unas semanas un correo electrónico que contenía un libro en inglés de un autor con nombre chino. Me pidió leerlo y valorar su interés, para comprar sus derechos y editarlo en español. Su anodino título invitaba a la habitual dosis de escepticismo, sin embargo no pude evitar cierta intriga. Me sumergí en su lectura y cuando me quise dar cuenta la noche ya clareaba. Los folios habían volado bajo mis ojos compulsivos y lo acabé con la típica sensación agridulce de terminar un buen libro.

La semana pasada, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la sangrienta represión de Tiananmen, este libro vio la luz en su edición americana. Su título es Prisoner of the State y su autor fue Zhao Ziyang. El reformista primer ministro, de la era de Deng Xiaoping, cuya negativa a ordenar la represión militar de aquella revuelta, le condujo a su defenestración y a un arresto que se prolongó hasta su muerte en el año 2005. Una condena que Ziyang aprovechó para grabar un diario secreto, en treinta cintas, que consiguió sacar clandestinamente de China gracias a unos amigos. Un hombre convertido en símbolo, que con su muerte natural provocó que el gobierno chino decretara la alerta general.

Esta obra es el mejor retrato conocido del régimen comunista chino, escrito por uno de sus máximos dirigentes. Una furtiva radiografía de un poder que todavía hoy nos resulta extraño, a pesar de su enorme influencia global. Ziyang nos permite colarnos en la trastienda del gobierno y el complejo mundo de los altos funcionarios de la Administración china. Hay que reconocerlo, no ocupa demasiado tiempo en nuestras cavilaciones ese fabuloso y opaco poder, que participa en la propiedad de colosales corporaciones que cotizan en las principales bolsas de valores, que nos inundan con sus productos manufacturados, que sustituyen con aterradora eficacia fábricas y empresas occidentales, que ya están generando un conocimiento científico y tecnológico que debería inquietarnos. Un régimen que condiciona la vida de millones de personas con sus formidables decisiones, con un sistema de valores escasamente compatible con los nuestros, con cada vez mayor protagonismo económico y cultural, pero una nación y unos dirigentes de los que por desgracia desconocemos casi todo.

No sabemos cómo sería el mundo hoy sin aquella represión en la plaza de Tiananmen. Como tampoco conocemos la realidad fragmentada de la sociedad china, sus emigrantes, o las diferencias entre los jóvenes de aquellas revueltas y los veinteañeros chinos de hoy. Vivimos felizmente ignorantes de una situación tan emergente como oscura. Deberíamos detenernos unos segundos y seguir el consejo profético con el que Zhao Ziyang termina su diario, "como dijo Sun Yat-sen, las tendencias mundiales son enormes y poderosas; aquellos que las sigan prosperarán, y aquellos que se resistan perecerán. Creo que el tiempo ha llegado para tomarnos esto en serio".

Abogado

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