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Problemas que no pasan de moda

Tres décadas después el paro y la pobreza siguen azotando a Andalucía pero las protestas de hoy nada tienen que ver con las de entonces

el 27 feb 2013 / 19:36 h.

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  • Hace 36 años miles de andaluces tomaron las calles para reivindicar una autonomía de primera, una conquista que se materializó el 28 de febrero de 1980 con un sí masivo en las urnas. Por esa fecha, Andalucía soportaba una tasa de paro del 17,41%, el 15,4% de su población era analfabeta y solo contaba con 75 kilómetros de autovías. En tres décadas la comunidad ha dado pasos de gigante (la tasa de analfabetos se ha reducido al 3,62% y hay cerca de 2.300 kilómetros de autopistas), pero no ha conseguido resolver su "problema endémico: el paro insoportable". Con el 36% de la población sin empleo y 108.200 hogares sin ningún ingreso, los andaluces están hoy llamados a una gran manifestación contra los recortes y los retrocesos sociales.


    Hoy hay motivos de sobra para salir a la calle, pero la protesta y las circunstancias son muy distintas a las de hace 30 años. En eso coinciden los expertos consultados por este periódico. "A comienzos de los 80 la gente reivindicaba la equiparación rápida y urgente con el resto de España en servicios públicos por el retraso acumulado que sufría Andalucía. La autonomía parecía la solución a todos los problemas y es cierto que hizo posible la normalización de Andalucía, que dejó de ser una región problema, exótica, distinta", sostiene el sociólogo Manuel Pérez Yruela.


    Lo suscribe Enrique García, periodista de Canal Sur que puso en marcha el primer informativo regional en la Cadena SER y que hoy recibirá una de las Medallas de la comunidad. "La autonomía era la gran esperanza para salir del hoyo. Los andaluces salieron masivamente a la calle porque estaba en juego su futuro; no querían ser menos que nadie y arrastraban un componente de subdesarrollo". García, que fue durante dos años portavoz del Gobierno del socialista Rafael Escuredo, asegura que fue el pueblo el que consiguió esa "gesta política".


    Para Salvador Cruz, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Jaén y especialista en la autonomía, la realidad de hoy "no es comparable a la de hace 35 años". Las manifestaciones de entonces estaban motivadas por la "lucha por las libertades y la democracia", una batalla que se intensificó a finales del franquismo. Los andaluces consideraban el autogobierno como el "instrumento imprescindible para la modernización" de una tierra sumida en el "subdesarrollo", afirma. La estrecha relación entre autonomía y conquista de libertad es lo que explica "el fuerte apoyo popular y la protesta masiva, que sorprendió y descolocó a muchos políticos".


    Los déficit de Andalucía eran muy graves. El 21,5% de las mujeres no sabían ni leer ni escribir (hoy es el 4,91%), solo había 89.556 universitarios en la comunidad (en 2012, según el Instituto Andaluz de Estadística, llegaban a 237.973) y 58 hospitales, una cifra que se dobla en la actualidad. El patrón social era, además, muy distinto. Los hogares contaban de media con 3,8 miembros (hoy se rebaja a 2,8) y las mujeres, que básicamente trabajaban en casa, tenían de media 2,72 hijos (hoy se quedan en 1,4). Los hogares monoparentales casi no existían ni tampoco los hijos fuera del matrimonio. "Ahora tenemos una autonomía de primera, pero nos falta muchísimo trecho para desarrollar todo nuestro potencial. No existe el subdesarrollo pero Andalucía sigue a la cola", lamenta el histórico periodista. "La crisis ha evidenciado que aún nos queda bastante por hacer, por conquistar", añade Pérez Yruela.


    Las necesidades han cambiado, los momentos son "distintos" y ahora la mayor preocupación es el drama del desempleo, con 1,4 millones de parados en la comunidad. "Casi todos los que se manifiesten hoy lo harán desesperados por el desempleo. Un tercio de la población activa está laboralmente en la cuneta y eso es muy duro", explica el sociólogo del CSIC e IESA. A su juicio, la "gran diferencia" respecto al principios de los 80 es que entonces los andaluces tenían "mejores expectativas". "Había horizontes de cambio; ahora no se ve el horizonte ni el fin de la crisis. Vamos a estar más de una década en el agujero y eso provoca mucha frustración", advierte Pérez Yruela. El presidente de Cáritas Andalucía, Anselmo Ruiz, detecta a grandes rasgos "los mismos problemas que hace tres décadas pero con realidades distintas". "Seguimos teniendo problemas muy serios, como el paro, la pobreza y la exclusión social, pero el contexto es diferente, ahora hay un gran nivel de desarrollo y de vida", señala. La crisis, por ejemplo, ha vuelto a obligar a muchos andaluces a emigrar fuera en busca de trabajo, "pero ahora se van los jóvenes más formados, no los peones", matiza Anselmo Ruiz.


    Enrique García anota otra diferencia respecto a hace tres décadas. Entonces había una "sintonía" entre el pueblo y los políticos andaluces, que fueron de la mano hacia la conquista autonómica. "Hoy hay un notable alejamiento; todo se ha ido diluyendo", señala. Los datos del último Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa), elaborado por la Universidad de Granada, avisan de la enorme desafección hacia la política: el 77,3% de los andaluces no se siente identificado con ninguna formación y el 80,7% está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia. Salvador Cruz niega que haya una apatía hacia la política sino a "determinadas prácticas corruptas", porque la gente "muestra interés y sigue saliendo a la calle". El presidente de Cáritas critica directamente a la clase política por "jugar al partidismo" y "no estar a la altura de las circunstancias".

    España asimétrica // El catedrático de Historia reconoce que después de 35 años otra vez se ha reabierto el debate territorial y vuelven a "aflorar propuestas asimétricas", como el órdago catalán. Al calor de la crisis "ha reverdecido el centralismo o el secesionismo", precisamente el modelo desigualitario que Andalucía combatió hace tres décadas. Para el periodista Enrique García, ahora hay que "pelear para que la conquista autonómica no se quede solo en un marco constitucional y hay que estar alerta a determinados tirones". A su juicio, hace falta un "oleaje intelectual que rompa ese diseño que nos han planteado de que algunas recetas son el único camino, cuando esas recetas nos llevan al desastre".

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