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Economía

Procavi, en Marchena, se convierte en el mayor complejo cárnico de Andalucía

La empresa de pavos concluye su ampliación más ambiciosa y alcanza los 208 millones en facturación y 1.230 empleados.

el 10 nov 2014 / 12:00 h.

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Tras concluir en octubre pasado la ampliación de sus instalaciones, la empresa Procavi, adscrita al grupo de alimentación Fuertes –cuya compañía de referencia es El Pozo– y con sede social en Marchena, ha convertido a esta localidad sevillana en el mayor complejo cárnico de Andalucía, así como en el centro neurálgico del pavo en España y uno de los principales de toda Europa. Tanto que sustenta la expansión de las granjas en la comunidad, y aún lo seguirá haciendo puesto que sus directivos consideran que existe aún margen para crecer y creen, pues, que hay oportunidades para quienes aspiren a emprender en ganadería y adentrarse en el campo. Instalaciones de elaborado y envasado en el complejo cárnico de la empresa Procavi en la localidad sevillana de Marchena. / EL CORREO Instalaciones de elaborado y envasado en el complejo cárnico de la empresa Procavi en la localidad sevillana de Marchena. / EL CORREO Desde que el conglomerado empresarial de la familia Fuertes comprara en 2002 el matadero de pavos que la antigua y ruinosa Hermagasa tuviera en ese municipio, espectacular ha sido el crecimiento de la andaluza Procavi, y esto de «andaluza», pese al origen murciano de la matriz, es una bandera que enarbolan una y otra vez sus directivos. De los 16 millones de euros que se facturaron entonces, con 8.218 toneladas comercializadas, la previsión para el cierre del año en curso habla de 208 millones y 89.000 toneladas, siendo del 8 por ciento el cálculo al alza para el ejercicio de 2015. No sólo no ha notado la crisis económica sino que las ventas se multiplican por casi 2,5 desde que aquélla arrancara en 2008. En los tres últimos años, la escalada de las inversiones también ha sido sustancial: 18,3 millones para 2014, con 87,7 millones acumulados desde 2002. «Nacimos en una coyuntura muy mala y, por tanto, sabemos cómo abordar las crisis». «A pesar de que nuestros márgenes (de beneficio) son estrechos, todo se reinvierte; aquí no se reparten dividendos», comenta Alfonso Serrano, director general de Procavi. La plantilla: 1.227 trabajadores directos, de los que 1.090 desarrollan su labor en Marchena. Tras la ampliación, el matadero de pavos tiene la mayor capacidad de España, con 250.000 animales sacrificados a la semana, y este complejo cárnico, convertido en el mayor de Andalucía –no lo superan ni las empresas malagueñas ni las industrias del cerdo ibérico– , ha pasado de 75.000 a una superficie total de 225.000 metros cuadrados, con espacio más que holgado para ir ampliando –sólo está edificada una tercera parte–. El centro de envasado y elaboración de productos cuenta con nuevas salas al tiempo que se ha modernizado y reforzado la automatización de las anteriores. Las cantidades manejadas hacen que, hoy por hoy, Procavi comercialice «el 55 por ciento del pavo en España». A granel, en filetes,  marinados, en bandejas o bolsas de varios kilos, etcétera. ¿Exportación? Siete, mercado nacional, tres, el extranjero. Éste sería el reparto del negocio en Procavi, cuyas ventas al exterior se concentran en Francia, Portugal, países del Este de Europa, en especial Ucrania, y estados del Cono Sur de África –estos últimos son grandes consumidores de alas, alones, cuellos, corazones, vísceras–. Los destinos alemán e italiano, asimismo, se están ya trabajando, «y el ruso está en mente». Alfonso Serrano, director general de la compañía Procavi. / EL CORREO Alfonso Serrano, director general de la compañía Procavi. / EL CORREO Dicen que del cerdo se aprovecha hasta los andares. Pues del pavo, hasta el aleteo: 150.000 kilos diarios de desechos –como picos, sangre o plumas– se procesan en una planta de harinas cárnicas y grasas ubicada dentro del propio complejo marchenero. ¿Para? Alimentación de peces –la mayoría se vende a Italia– y de mascotas, siendo proveedor de las principales marcas. «Jamás se reincorporan a la cadena del pavo, jamás», aclara Serrano. No se tira ni las camas de los pavitos: sirve de materia prima para una planta propia de biomasa (generación de energía). El interés hacia las comunidades extranjeras arroja también sus curiosidades en esta compañía. Por ejemplo, para la mezquita de París, hágase producción halal, que obliga a un escrupuloso respeto hacia los ritos islámicos; y para las bases militares de EE. UU. en Europa e incluso para las zonas costeras con gran afluencia o presencia anglosajona, pavo para el Día de Acción de Gracias. Sonríe Serrano al comentar tales rarezas y, acto seguido, explica que el consumo cada vez está más desestacionalizado, esto es, menos concentrado en determinadas fechas, dejando atrás esa tradicional imagen del pavo limitado a la cena de Nochebuena. «Es verdad que en tan sólo dos semanas, previas a Navidad, se vende el 30 por ciento de la producción anual, pero hace unos años era ¡un 60 por ciento! Ahora se come pavo durante todo el año». ¿Cuáles fueron las claves para impulsar el consumo y que el pavo esté sobre la mesa en cualquier época? Por un lado habría que hablar de nuevos tratamientos de la carne y nuevas presentaciones que erradican esa percepción –y gusto– de ser una carne seca, que se deshilacha en la boca. Por otro, el precio, cotizando por debajo de la ternera: se ahorra en tiempos de crisis. Y, por último, la apuesta que, por esta ave, ha desplegado la cadena de supermercados Mercadona, de la que Procavi es interproveedor (es un proveedor estable, de larga duración). Datos elocuentes: si hace un lustro la ingesta anual per cápita en nuestro país era de 700 gramos, actualmente nos movemos en 1,5 kilos, desgrana Alfonso Serrano. Desde la alimentación del animal hasta los formatos de bandejas, todo ha influido, agrega. El departamento de I+D y desarrollo de productos de Procavi tiene dos áreas: una técnica y otra tecnológica. La primera ha concebido formas innovadoras de tratar tanto a las aves (composición de los piensos o camas de virutas de madera para su bienestar) como a la carne (temperatura, oreo, masajeado) para mejorar su textura, a la vez que ha lanzado una gama de productos marinados, con especias naturales y finas hierbas, para una preparación más rápida y fácil en casa. «En suma, hemos trasladado las fórmulas que tenían nuestras abuelas a un proceso más industrial». De la segunda, en cambio, ha salido el diseño de maquinaria específica para hacer posible todo aquello, así como avances de eficiencia en las distintas fases productivas. «Queríamos hacer chuletas de pavo, y las hicimos. El corte era complicado y el personal de riesgos laborales nos advirtió del peligro que entrañaban las sierras para los empleados. ¿Solución? Unos brazos robot que ejecutan el movimiento humano de la mano». Al responsable de la compañía no le duelen prendas al admitir que gran parte del éxito de Procavi se sustenta sobre la expansión de Mercadona. De hecho, sostiene, esta cadena ha sido la auténtica artífice del incremento del consumo y de que el precio de cara al público final esté por debajo de países del entorno, como Francia, donde esta carne era más habitual que en España. «Llevamos ya nueve años trabajando con Mercadona y uno como interproveedor. ¿Y por qué este último paso? Era la forma de consolidar una relación ya de por sí estable y los desarrollos conjuntos y reforzar, además, la eficiencia. Una relación basada en la confianza, en la que mientras mejor les vaya a ellos, mejor nos irá a nosotros, y a la inversa». Da cifras: el 40 por ciento de la facturación anual y el 24 por ciento de las toneladas vendidas provienen de esta cadena de supermercados, si bien Procavi proporciona pavo a las grandes cárnicas –lógicamente, cliente imprescindible es El Pozo– y a las carnicerías. 600_Imagen Envasado 2 Es, en definitiva, aplicar a la práctica la teoría del ganar-ganar que Procavi, a su vez, ya trasladaba a sus granjeros colaboradores, en número de 323 y radicados todos en Andalucía. «He de reconocer que gran parte del éxito de esta compañía depende de ellos». Les vincula «un contrato de colaboración» estable mediante el que la empresa suministra animales, piensos, medicamentos y servicios veterinarios durante el tiempo de engorde de los pavos, y ellos aportan las instalaciones y el manejo de la ganadería. Pero, además, un departamento de ingeniería propio diseña y construye el proyecto, se acompaña al interesado en su formación e incluso se facilita la financiación a coste cero. «Necesitamos más granjas. Creo que es una oportunidad de autoempleo en zonas rurales  y, sobre todo, para los jóvenes: el 40 por ciento de nuestros colaboradores lo son». DESDE INCUBADORAS HASTA FÁBRICAS DE PIENSOS Junto con la planta de Marchena, Procavi posee en la localidad malagueña de Cañete la Real tres centros de multiplicación (dos propios), esto es, de reproducción avícola, a partir de los que se obtienen los huevos que posteriormente serán incubados. La incubadora se ubica en Campillos (Málaga), donde radica también una de las tres fábricas de piensos –las otras están en el municipio sevillano de Carmona y en el onubense de Villanueva de los Castillejos–. En torno al 40 por ciento de las granjas de cría y engorde son propias, el resto pertenece a 323 granjeros colaboradores, todos andaluces. Y todo se procesa y envasa en el complejo cárnico de Marchena, desde donde se envía la producción tanto al mercado nacional como internacional. ¿Cómo definir estos últimos años? «De metamorfosis tecnológica, porque en todos esos centros productivos ha habido innovación».

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