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Procesión de paraguas en la Calzada

La hermandad de San Benito renunció a su salida procesional por el agua por tercer año consecutivo.

el 26 mar 2013 / 21:20 h.

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Tampoco hubo suerte en San Benito. Chispeaba en la antigua calle Oriente poco antes de la salida. El cielo pintaba mal y de manera intermitente descargaban gotas en la zona. Aún así nadie se movía. Paraguas abiertos, paraguas cerrados... y unas caras que expectantes ante cualquier gesto, cualquier sonido, cualquier esperanza que proviniera de la puerta de la casa de hermandad. Allí, unos costaleros llamaban a la cordura ante una tarde incierta: “Creo que no vamos a salir. Es una pena, pero estos dos últimos años que nos hemos quedado en casa hemos acerado. Ante un panorama así, la mejor decisión es la de quedarse de dentro”, reconocía Juan con el costal bajo el brazo. La frase que pronunció un padre al recoger a su hijo-monaguillo resultó premonitoria: “Aquí ya no hay que hacer nada. Vamos”. Y así fue. El hermano mayor, José Luis Maestre, lo confirmaría poco más tarde después de haberse reunido con sus oficiales de junta: “Ha sido una decisión bastante difícil, pero también fácil con los pronósticos que hay para la tarde-noche. No podemos asumir ese riesgo tan alto de chubascos a partir de las ocho o nueve de la noche. Tenemos muchos niños y un patrimonio muy rico que debemos salvaguardar ante todo. La decisión es dolorosa, pero acertada”. Sus palabras fueron refrendadas por una leve llovizna que sobre las cinco de la tarde se iba alternando con unos tímidos rayos de sol. El barrio entendía y respaldaba lo acordado por la hermandad, pero seguía apostado a la puerta a la espera de acceder al templo y ver los pasos. También lo hacían las religiosas de la vecina residencia de ancianos de las Hermanas de los Pobres: “Desgraciadamente la lluvia y el que sale o no está dentro del programa de mano de la Semana Santa. Mejor así que es más prudente”, resumía la hermana Julia, quien estuvo a la tutela de los mayores sentados frente al templo. Precisamente de las dependencias del asilo salió un singular cortejo de nazarenos [un total de 16 tramos], que después de haber formado allí, fueron entrando en la parroquia en fila de dos para despedirse del Señor de la Presentación al Templo, el Cristo de la Sangre (con potencias) y la Virgen de la Encarnación. Expiraba en el barrio otro Martes Santo en blanco.

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