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Procesión de paraguas en la Magdalena

Colas kilométricas para ver el misterio que se quedó en casa por el agua.

el 21 abr 2011 / 19:45 h.

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Imagen sobria y tenebrista en el interior de la Magdalena.

En la Magdalena la cosa estaba bastante clara. Media hora antes de la hora fijada para la salida (prevista para las 19.30 horas) ya se había tomado la decisión de no realizar estación de penitencia. El hermano mayor de la Quinta Angustia, Manuel Losada Serra, comunicaba la noticia a los hermanos en las dependencias de la sacristía, pues el templo aún se encontraba ocupado tras la celebración de los oficios.

Paradójicamente a esa hora se había abierto un claro en el cielo de Sevilla y hasta había salido el sol. Eso sí, los nubarrones seguían asomando por el Aljarafe. Las puertas de la iglesia, que estaban abiertas con la celebración de los oficios, no llegaron a cerrarse como es costumbre para que se forme la cofradía con la intimidad y la tranquilidad que corresponde a una hermandad de silencio. De hecho iban saliendo a la vez nazarenos morados y entrando gente para ver el sobrecogedor misterio del Descendimiento del Señor y la Virgen en su Quinta Angustia.

El tumulto formado en la puerta fue tal que un miembro de la junta tuvo que restringir el paso para dar prioridad a la salida de los nazarenos y posponer por unos minutos la entrada del público que aguardaba bajo los árboles de la plazoleta. Ante el paso de misterio se podían ver las caras de decepción de los hermanos, sobre todo de las mujeres que se estrenaban de nazarenas después del decreto del arzobispo Juan José Asenjo que las igualaba en derechos con ellos. Entre ellas estaba María, una joven rubia que era consolada por su madre y el resto de familiares que se acercaban para darle ánimos: "Venga que ya será el año que viene". A lo que la madre respondía: "Con la ilusión que tenía. Estaba tan nerviosa que mira cómo se ha puesto la capa, to' arrugá de darse pellizcos".

Eso sí, hubo pocas lágrimas. Los hermanos encajaron con resignación la decisión de quedarse en casa. Los pronósticos seguían dando agua para las próximas horas, como se fue demostrando poco a poco en una tarde de perros, sin pasos en la calle y con el sólo aliciente de visitar los pasos en el interior de los templos o bien toparse con el único rayo de esperanza que a esa hora paseaba por la ciudad pese a las intermitentes mantas de agua que iban cayendo: la ronda de los armaos de la Macarena.

Los que optaron por cumplir con las cofradías del día se encontraron con una larga cola en la iglesia de la Magdalena. A las siete y media (hora de la salida) diluviaba en el Centro y cientos de personas guardaban cola bajo los paraguas. La cola para ver el paso de la Quinta Angustia y los del Calvario se alargaba hasta la esquina de Boby Deglané. Era la única procesión que se vio ayer en Sevilla, la de los paraguas.

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