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Proteger y valorar

La protección que Cultura ha otorgado a varios pabellones de la Expo 92 es sin duda una buena noticia en una Sevilla en la que hasta hace nada esas medidas se limitaban a edificios con arquitectura anterior al siglo XIX...

el 15 sep 2009 / 20:52 h.

La protección que Cultura ha otorgado a varios pabellones de la Expo 92 es sin duda una buena noticia en una Sevilla en la que hasta hace nada esas medidas se limitaban a edificios con arquitectura anterior al siglo XIX y, además, haciendo hincapié, más que en su estética y en la del paisaje urbano del que formaban parte, en su antigüedad. Se establecían así unos baremos según los cuales sólo eran considerados intocables unos pocos ejemplos singulares y, así y todo, con una intangibilidad formal porque, llegada la ocasión, se condescendía en alterarlos para usos variopintos, como el rodaje de películas.

Todos recordamos el patio de carruajes de la Casa de Pilatos pintado de rojo en Lawrence de Arabia y nadie, una sola protesta porque no la hubo. Y es que, además de la protección es necesaria la valoración por la ciudadanía y, por tanto, una pedagogía que ayude a distinguir lo bueno y lo malo de cada siglo. Es sintomático que las guías de Viena incluyan como dignos de ver la pequeña farmacia modernista Engel Farmacia y el barrio contemporáneo de las Hunderwasserhaus, que las de Praga dediquen muchas páginas a la Ciudad Nueva. De Londres no digamos: antes de que te des cuenta te enseñan el Ayuntamiento de Foster; los réditos de Berlín a la cúpula del Reichstadt son millonarios.

Nada de eso ha llegado aún a Sevilla y la culpa no puede echársele sin más a la Junta: forma parte de una manera vetusta de ver las cosas, aderezada con atavismos serviles que, aunque ya no tengan razón de ser, existen. De poco valdrán las normas de protección si no existe la conciencia colectiva de que se debe proteger no sólo la antigüedad o las efemérides sino, sobre todo, la belleza. Eso hay que clavarlo en la mente con paciencia y a machamartillo. Los expositores de la Avenida podrían ser buenos clavos.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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